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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Eclesiastés 4,17-5,6

Guarda tus pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal. No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras. Porque,
los sueños vienen de las muchas tareas.
la voz necia, de las muchas palabras. Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has hecho, cúmplelo. Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos. No permitas que tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la obra de tus manos? Cuantos los sueños,
tantas las vanidades y las muchas palabras.
Pero tú teme a Dios.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Cohélet, tras haber observado los males que afligen a la sociedad humana (injusticias, opresiones, envidia, soledad, volubilidad), se dirige al creyente para que su religiosidad no sea exterior sino enraizada en lo profundo del corazón, y explica que "acercarse obediente vale más que el sacrificio" (17). La actitud de escucha, como condición radical del creyente, atraviesa todas las páginas de la Escritura a partir del Deuteronomio, donde se advierte: "Acércate tú a oír todo lo que diga Yahvé nuestro Dios" (Dt 5, 27). Cohélet se acerca de este modo a la predicación profética a partir de Samuel: "¿Acaso se complace Yahvé en los holocaustos y sacrificios tanto como en la obediencia a la palabra de Yahvé? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros" (1 S 15, 22). Y Oseas escribe: "Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos" (6, 6). Los necios, en cambio, piensan que los ritos y los sacrificios sean suficientes para estar cerca de Dios. Pero esa actitud no acerca a Dios, sino que aleja de Él; es la conversión del corazón a Dios lo que cualifica al creyente y su religiosidad. La oración se realiza "ante Dios", escribe Cohélet: el creyente no permanece ante Dios en actitud altiva y soberbia, sino con la humildad de quien reconoce su propia limitación y su necesidad de ayuda. Es como decir: "cuando vas a la Casa de Dios" (4, 17) acuérdate que "Dios está en el cielo" (5, 1). Por ello la oración no debe ser un derroche de palabras; es necesario poner en sintonía el corazón que escucha con las palabras que pronuncia ante Dios. Jesús mismo exhorta a los discípulos a no derrochar palabras: "Y, al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados" (Mt 6, 7). Dios sólo se deja tocar por aquellos cuyas palabras brotan de un corazón arrepentido y necesitado. La cita del proverbio (v. 2) confirma que el autor no está proponiendo teorías nuevas e insólitas; incluso un poco más adelante dirá: "Los labios del necio lo arruinan... El necio habla y habla sin control" (10, 12.14). La sintonía entre la escucha y el corazón requieren a su vez el cumplimiento de cuanto se promete a Dios. Es una necedad no cumplir las promesas hechas al Señor: el Evangelio dirá que "hizo la voluntad del padre" no el hijo que dijo que sí y luego no lo hizo, sino el que, a pesar de haber dicho "no quiero", finalmente lo hizo (Mt 21, 28-31). Cohélet, en el estilo de los libros sapienciales, afirma que es mejor no hacer votos que hacerlos y luego no cumplirlos, y advierte de estar atentos a no pecar con la boca (5, 5). También la Carta de Santiago escribe: "Si alguno no cae al hablar, ése es un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo" (St 3, 2). Si el creyente acoge en su corazón la Palabra de Dios será capaz de hablar con un lenguaje apropiado con los demás, sus palabras no serán para la destrucción sino para la construcción de lazos de amistad y de amor.


04/03/2010
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