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Iglesia de San Egidio - Roma

La Iglesia bizantina venera hoy a San Saba (+ 532) "archimandrita de todos los eremitorios de Palestina"


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Cantar de los Cantares 3,1-5

En mi lecho, por las noches, he buscado
al amor de mi alma.
Busquéle y no le hallé. Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad.
Por las calles y las plazas
buscaré al amor de mi alma.
Busquéle y no le hallé. Los centinelas me encontraron,
los que hacen la ronda en la ciudad:
"¿Habéis visto al amor de mi alma?" Apenas habíalos pasado,
cuando encontré al amor de mi alma.
Le aprehendí y no le soltaré
hasta que le haya introducido
en la casa de mi madre,
en la alcoba de la que me concibió. Yo os conjuro,
hijas de Jerusalén,
por las gacelas, por las ciervas del campo,
no despertéis, no desveléis al amor,
hasta que le plazca.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La mujer se despierta, busca a su amante junto a sí y por el contrario encuentra el lecho vacío. La descripción sugiere una búsqueda que dura toda la noche. O quizá es precisamente la ausencia del amado la que da cuerpo a la noche, a la oscuridad, a la ausencia de luz y de amor. La noche, por tanto, más que una anotación temporal, es la indicación de la oscuridad a la que llevan el abandono y la soledad. Es una situación insoportable. La falta del amado debería empujar a levantarse y buscar. ¡Cuántas veces, desgraciadamente, permanecemos indiferentes e impasibles ante la ausencia del Señor, o bien ante el mal que sigue cosechando víctimas! Bien diferente es la decisión de la mujer: "Me levanté y recorrí la ciudad", afirma. No tiene idea de dónde buscar al amado, pero sale igualmente y se aventura incluso sola por las calles y las plazas de la ciudad. Quiere encontrar a toda costa a quien ama. Regresa el tema de la búsqueda ya evidenciado en el primer capítulo, en los versículos 7 y 8. Y es una escena que evoca la de María Magdalena, a quien Jesús liberó de la esclavitud de siete demonios.
El Evangelio de Juan recuerda aquel primer día después del sábado, cuando todavía estaba oscuro. También ella se levantó y fue al sepulcro para encontrar al amado, aunque estuviera muerto. Al ver el sepulcro vacío se agita y, desesperada, se pone a buscar a Jesús, que la había amado como ningún otro. La mujer del Cantar corre de noche por la ciudad y, como María hará con quien creía que era el jardinero, pregunta a los guardias: "¿Habéis visto al amor de mi alma?". No les concede ni siquiera el tiempo para replicar y prosigue su búsqueda. De improviso, se lo encuentra delante. El texto le hace decir: "Lo agarré y no lo soltaré". También con María Magdalena se repite una escena análoga. Cuando se sintió llamada por su nombre, María Magdalena reconoció a Jesús y se echó a sus pies para abrazarlo. Jesús le respondió que fuera donde los apóstoles para anunciar su resurrección. Aquí la escena se desarrolla de forma diferente. La mujer reconduce al amado a casa de la madre, a la habitación donde ella misma había sido concebida. Es lo contrario de lo que preveía la praxis jurídica de aquel tiempo: era el hombre quien conducía a la esposa a la casa paterna. Aquí el texto quiere subrayar la centralidad que en la experiencia religiosa debe tener la búsqueda de Dios. Es una búsqueda continua. Todos -como Benedicto XVI escribe también de sí mismo- somos mendigos de Dios. Nadie lo posee hasta el punto de poderse apropiar de Él y no buscarlo más. Perder y reencontrar el amor es la situación del creyente mientras está en esta tierra.
El Tárgum judío nos lo confirma: «Pero cuando la gente de la casa de Israel vio que... (la presencia de Dios) se les había arrebatado y habían sido abandonados en la oscuridad como en la noche, ellos buscaron ... pero no encontraron nada. Entonces los hijos de Israel se dijeron: "Levantémonos y vayamos alrededor de la tienda que Moisés ha plantado fuera del campamento... y busquemos la santa presencia que se ha alejado de nosotros". Ellos -continúa el texto- fueron por la ciudad, por las calles y las plazas, pero no la encontraron». Pasada la noche la mujer se dirige a las hijas de Jerusalén con una exhortación que ya ha hecho anteriormente (2,7): "no despertéis ni desveléis a mi amor hasta que quiera". Es como decir: no ofusquemos la luz del amor que ha vuelto a iluminar la vida.


05/12/2011
Oración por los enfermos


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