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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de San Adalberto, obispo de Praga. Sufrió el martirio en Prusia oriental, donde había ido para anunciar el Evangelio (+997). Residió largo tiempo en Roma, donde se venera su recuerdo en la basílica de San Bartolomé de la Isla Tiberina.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Tito 3,1-7

Amonéstales que vivan sumisos a los magistrados y a las autoridades, que les obedezcan y estén prontos para toda obra buena; que no injurien a nadie, que no sean pendencieros sino apacibles, mostrando una perfecta mansedumbre con todos los hombres. Pues también nosotros fuimos en algún tiempo insensatos, desobedientes, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros. Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Pablo exhorta a Tito a recordar a los cristianos su deber común hacia las autoridades. Precisamente por ser discípulos de Jesús deben obediencia y sumisión a las autoridades, aunque sean paganas. El apóstol había expuesto ya en la carta a los Romanos el fundamento de esta obediencia, afirmando que toda autoridad viene de Dios. En la joven comunidad de Creta los fieles vivían en medio de un pueblo pagano y sufrían calumnias, desprecios y resentimientos personales. Como discípulos de Jesucristo debían tener siempre una paciencia indulgente y un amor abnegado: no se devuelve mal por mal, sino que se vence al mal con el bien (cf. Rm 12, 20 ss.). La razón de estos buenos sentimientos hacia aquellos de los que se reciben ofensas nace de la conciencia humilde que el cristiano tiene de sí mismo; además, no mucho tiempo antes los cristianos eran como los demás paganos. Todos los hombres son de hecho "insensatos", es decir, con una vida desorientada, esclava del pecado y de la muerte, como pone en evidencia el dominio ejercido por las pasiones que destruyen la vida de los individuos y de la colectividad. El cristiano no debe nunca olvidar la condición de pecado en la que se encontraba y de la cual ha sido salvado mediante la gracia: "Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres, él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia" (vv. 4-5). Si un creyente acoge con fe el amor de Dios y se abandona a Jesús, es salvado de la perdición con "el baño de regeneración". Se trata de ser "engendrados por Dios" (Jn 1, 12 ss.), es decir, de vivir un "nuevo nacimiento" (Jn 3, 3). A este "baño de regeneración" va unida la "renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador". Regeneración significa el cambio radical que sobreviene en la vida del creyente por obra de Dios. Por tanto somos deudores del amor del Dios por lo que se ha operado en nosotros. De aquí la advertencia del apóstol: "¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?" (1 Co 4, 7). Con la regeneración a la nueva vida recibimos otro gran don: ser herederos de la vida eterna. Pablo escribe a los Gálatas que con el baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo hemos obtenido la condición de hijos. "Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios" (Ga 4, 5-8).


23/04/2012
Memoria de los pobres


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