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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes son una estirpe elegida,
un sacerdocio real, nación santa,
pueblo adquirido por Dios
para proclamar sus maravillas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Santiago 3,13-18

¿Hay entre vosotros quien tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes serán santos
porque yo soy santo, dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

"¿Quién hay entre vosotros sabio o con experiencia?". La Palabra de Dios interroga siempre a quien la escucha, aunque no siempre de manera explícita como hace Santiago, que invita a los lectores a examinarse sobre la sabiduría y sobre la manera de comportarse. La verdadera sabiduría y la recta inteligencia se miden en los actos. Sobre todo quien tiene una responsabilidad de gobierno debe demostrar sabiduría en sus comportamientos, sin la seguridad que da el rol que tiene. Afirma que no es la sabiduría "natural", la que da belleza y orden a la vida de las personas o de las comunidades. Esta sabiduría se basa en el espíritu "demoníaco": divide a los hermanos y las hermanas porque está impregnada de envidias y ambiciones. "Envidia y ambición" suelen ser el motor de nuestra sociedad, y a veces también de las realidades eclesiales. Escribe Beda el Venerable: "También dice Pablo: el hombre terrenal no comprende las cosas del Espíritu de Dios (1 Co 2,14). Una sabiduría ambiciosa y amarga es descrita justamente como terrenal, natural y demoníaca, porque mientras el alma busca la gloria terrenal está privada de la gracia espiritual y piensa solo lo que le sale natural desde el pecado original". Distinta es, en cambio, "la sabiduría que viene de lo alto", es decir, de Dios. Esta impulsa al creyente a cumplir la voluntad de amor del Señor y a buscar no la exaltación de sí mismo sino el cumplimiento de la palabra evangélica. Santiago enumera siete características de la sabiduría según Dios: es pura, pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sin hipocresía. La primera característica ("pura") indica aquí la lealtad para con los demás, en oposición a la mentira que provoca tanto daño. El resto de los adjetivos describe una manera de vivir con los demás caracterizada por la sinceridad y el amor. Se podría recordar el himno al amor del capítulo trece de la primera Epístola a los Corintios. Solo de ese modo se puede vivir en aquella paz verdadera que produce justicia. El cristiano, en definitiva, es sabio cuando imita a Jesús, manso y humilde de corazón. ¡Cuántas veces buscamos sin éxito las respuestas adecuadas o la capacidad de valorar en profundidad la vida! Santiago nos ayuda a pedir la sabiduría que viene de lo alto, la que es incomprensible a los sabios de este mundo y que es revelada a los sencillos, porque es sabiduría del corazón. El apóstol Pablo, en esta misma línea, exhorta así a los corintios: "Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, vuélvase loco, para llegar a ser sabio; pues la sabiduría de este mundo es locura a los ojos de Dios" (1 Co 3,18-19).


27/06/2012
Memoria de los santos y de los profetas


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