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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

2Crónicas 35,1-26

Josías celebró una Pascua en honor de Yahveh en Jerusalén; inmolaron la Pascua el día catorce del primer mes. Restableció a los sacerdotes en sus ministerios y los animó al servicio de la Casa de Yahveh. Dijo a los levitas que tenían inteligencia para todo Israel y estaban consagrados a Yahveh: "Colocad el arca santa en la Casa que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel, porque ya no habréis de llevarla a hombros; servid ahora a Yahveh vuestro Dios y a Israel, su pueblo. Estad preparados según vuestras casas paternas y vuestras clases, conforme a lo escrito por David, rey de Israel, y lo escrito por su hijo Salomón. Ocupad vuestros sitios en el santuario según los grupos de casas paternas a disposición de vuestros hermanos, los hijos del pueblo; los levitas tendrán parte en la familia paterna. E inmolad la Pascua, santificaos y preparadla para vuestros hermanos, cumpliendo la orden de Yahveh, dada por medio de Moisés. Josías reservó para la gente del pueblo ganado menor, así corderos como cabritos, en número de 30.000, todos ellos como víctimas pascuales para cuantos se hallaban presentes, y 3.000 bueyes. Todo ello de la hacienda del rey. También sus jefes reservaron ofrendas voluntarias para el pueblo, los sacerdotes y los levitas. Jilquías, Zacarías y Yejiel, intendentes de la Casa de Dios, dieron a los sacerdotes, como víctimas pascuales, 2.600 ovejas y trescientos bueyes. Konanías, Semaías y Natanael, su hermano, y Jasabías, Yeiel y Yozabad, jefes de los levitas, reservaron para los levitas 5.000 corderos pascuales y quinientos bueyes. Preparado así el servicio, ocuparon los sacerdotes sus puestos, lo mismo que los levitas, según sus clases, conforme al mandato del rey. Se inmolaron las víctimas pascuales, y mientras los sacerdotes rociaban con la sangre que recibían de mano de los levitas, los levitas las desollaban y apartaban lo destinado al holocausto para darlo a las secciones de las casas paternas de los hijos del pueblo, a fin de que lo ofreciesen a Yahveh conforme a lo escrito en el libro de Moisés. Lo mismo se hizo con los bueyes. Asaron la Pascua al fuego, según el ritual; cocieron las cosas sagradas en ollas, calderos y cazuelas, y las repartieron con presteza entre todos los hijos del pueblo. Después prepararon la Pascua para sí y para los sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron ocupados hasta la noche en ofrecer los holocaustos y las grasas. Por eso los levitas la prepararon para sí y para los sacerdotes, hijos de Aarón. También los cantores, hijos de Asaf, estaban en su puesto, conforme a lo dispuesto por David, Asaf, Hemán y Yedutún, vidente del rey; lo mismo los porteros, cada uno en su puerta. No tenían necesidad de retirarse de su servicio, porque sus hermanos, los levitas, se lo preparaban todo. De esta manera se organizó aquel día todo el servicio de Yahveh para celebrar la Pascua y ofrecer los holocaustos sobre el altar de Yahveh, según la orden del rey Josías. Los israelitas que se hallaban allí celebraron en ese tiempo la Pascua y la fiesta de los Ázimos durante siete días. No se había celebrado Pascua como ésta en Israel desde los días de Samuel, profeta; y ningún rey de Israel celebró una Pascua como la que celebraron Josías, los sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel, que allí se hallaban presentes, y los habitantes de Jerusalén. Esta Pascua se celebró el año dieciocho del reinado de Josías. Después de todo lo que hizo para reparar el Templo, subió Nekó, rey de Egipto, para combatir en Karkemis, junto al Eufrates; y Josías le salió al encuentro. Nekó le envió mensajeros para decirle: "¿Qué tengo yo que ver contigo, rey de Judá? No he venido hoy contra ti, sino contra la casa con la cual estoy en guerra; y Dios me ha mandado que me apresure. Deja de oponerte a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya." Pero Josías no se apartó de él, pues estaba decidido a darle batalla, sin escuchar las palabras de Nekó, que venían de boca de Dios. Y avanzó para librar batalla en la llanura de Meguiddó. Los arqueros tiraron contra el rey Josías, y dijo el rey a sus siervos: "Llevadme fuera, pues estoy gravemente herido." Sus siervos le sacaron del carro, y pasándole a otro carro que tenía, le llevaron a Jerusalén, donde murió. Fue sepultado en los sepulcros de sus padres y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías. Jeremías compuso una elegía sobre Josías, y todos los cantores y cantoras hablan todavía hoy de Josías en sus elegías; lo cual se ha hecho costumbre en Israel. Están escritas entre las Lamentaciones. El resto de los hechos de Josías, sus obras piadosas conforme a lo escrito en la Ley de Yahveh,

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El relato resalta la centralidad que la celebración de la Pascua ha asumido en la vida de Israel, como ha querido Josías. El texto describe los preparativos rituales para el sacrificio pascual. Lo primero es exhortar a los sacerdotes a cumplir con celo y meticulosidad sus obligaciones. Después el rey habló a los levitas encargándoles la construcción, el mantenimiento y el servicio decoroso del templo. Una tarea especial, además de instruir al pueblo es colocar el arca santa en el templo: "Dijo a los levitas que enseñan a todo Israel y están consagrados al Señor: «Poned el Arca Santa en la Casa que construyó Salomón, hijo de David, rey de Israel, porque ya no habréis de llevarla en los hombros. Ahora servid al Señor nuestro Dios y a Israel, su pueblo" (v. 3). Es como si el rey hablara de la "ligereza" del arca: se refiere a la ley. Observar la Palabra de Dios libera a Israel del pesado yugo de la esclavitud. Jesús lo dice a sus discípulos: "Mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11,30). La radicalidad del seguimiento libera de todas las esclavitudes del yo y de los ídolos que nos vienen propuestos. Los levitas tienen que dedicarse a la enseñanza y a la predicación, a hacer comprensible y actual la Palabra de Dios, para que nos ayude a elegir la verdadera libertad. La Palabra de Dios, no es una letra muerta en un papel. Es letra viva y acompaña a los creyentes como una luz siempre nueva que ilumina nuestros pasos en el camino hacia el reino. Los levitas tienen una función importante en la celebración de la Pascua, que es vigilar y organizar para que todo fluya en el respeto y santidad de Dios y de su templo. La descripción es la de una fiesta suntuosa y solemne que intenta armonizar las diferentes tradiciones relativas a los animales que hay que ofrecer. Pero lo que parece que interesa más al Cronista es la peculiaridad de esta celebración pascual que ha convocado Josías. El rey ha convertido la Pascua en la expresión más completa del culto de Israel. Es una fiesta que reúne en una fuerte comunión al rey, sacerdotes, levitas y todo el pueblo. Se podría decir que es la imagen más alta de la alianza entre Dios e Israel. De esta manera Josías alcanza el culmen de promesas que hizo David a Salomón cuando le dijo: "¡Sé fuerte y ten buen ánimo, y manos a la obra! No temas ni te desmayes, porque el Señor, Dios, el Dios mío, está contigo, no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la Casa del Señor" (l Cr 28,20). Y efectivamente, han reconstruido el templo, han presentado el libro de la Ley a la comunidad, el rey y el pueblo se han unido en una alianza con el Señor y se ha organizado el servicio litúrgico completo al Señor. Pero otra vez se asoma la prueba. El Cronista escribe: "subió Nekó, rey de Egipto, para combatir en Karkemis, junto al Éufrates". Josías le salió al encuentro, a diferencia de Ezequías, que cuando le atacaron pidió ayuda a Dios, no sólo no lo hizo sino que atacó a Nekó, el cual por otra parte no quería invadir Judá y de hecho se lo dijo: "¿Qué tengo yo que ver contigo, rey de Judá? No he venido hoy contra ti, sino contra otro con el cual estoy en guerra". El faraón no habló ni con soberbia ni blasfemando como Senaquerib. Al contrario le avisó diciéndole que tenía palabras proféticas del Señor para él: "y Dios me ha mandado que me apresure. Deja de oponerte a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya". Josías no tomó en serio las advertencias que el Señor le había hecho por boca del faraón y le atacó. El rey fue derrotado y matado, pero más que el faraón fue su orgullo el que lo mató.


29/11/2012
Memoria de la Iglesia


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