Riccardi Andrea: en la web

Riccardi Andrea: en las redes sociales

change language
usted está en: home - oración - la oraci...ada día cómo contactarnosnewsletterlink

Sostiene la Comunidad

  

La oración cada día


 
versión para imprimir

Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Romanos 4,1-25

¿Qué diremos, pues, de Abraham, nuestro padre según la carne? Si Abraham obtuvo la justicia por las obras, tiene de qué gloriarse, mas no delante de Dios. En efecto, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia. Al que trabaja no se le cuenta el salario como favor sino como deuda; en cambio, al que, sin trabajar, cree en aquel que justifica al impío, su fe se le reputa como justicia. Como también David proclama bienaventurado al hombre a quien Dios imputa la justicia independientemente de las obras: Bienaventurados aquellos cuyas maldades fueron perdonadas,
y cubiertos sus pecados.
Dichoso el hombre a quien el Señor no imputa culpa alguna. Entonces, ¿esta dicha recae sólo sobre los circuncisos o también sobre los incircuncisos? Decimos, en efecto, que la fe de Abraham le fue reputada como justicia. Y ¿cómo le fue reputada? ¿siendo él circunciso o antes de serlo? No siendo circunciso sino antes; y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que poseía siendo incircunciso. Así se convertía en padre de todos los creyentes incircuncisos, a fin de que la justicia les fuera igualmente imputada; y en padre también de los circuncisos que no se contentan con la circuncisión, sino que siguen además las huellas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de la circuncisión. En efecto, no por la ley, sino por la justicia de la fe fue hecha a Abraham y su posteridad la promesa de ser heredero del mundo. Porque si son herederos los de la ley, la fe carece de objeto, y la promesa queda abolida; porque la ley produce la cólera; por el contrario, donde no hay ley, no hay transgresión. Por eso depende de la fe, para ser favor gratuito, a fin de que la Promesa quede asegurada para toda la posteridad, no tan sólo para los de la ley, sino también para los de la fe de Abraham, padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones: padre nuestro delante de Aquel a quien creyó, de Dios que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean. El cual, esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones según le había sido dicho: Así será tu posteridad. No vaciló en su fe al considerar su cuerpo ya sin vigor - tenía unos cien años - y el seno de Sara, igualmente estéril. Por el contrario, ante la promesa divina, no cedió a la duda con incredulidad; más bien, fortalecido en su fe, dio gloria a Dios, con el pleno convencimiento de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido. Por eso le fue reputado como justicia. Y la Escritura no dice solamente por él que le fue reputado, sino también por nosotros, a quienes ha de ser imputada la fe, a nosotros que creemos en Aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús Señor nuestro, quien fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Pablo afirma que, desde el inicio, la salvación viene de Dios, pero que gracias a la fe estamos salvados, tal y como se lee ya desde el libro del Génesis al referirse a Abrahán: «Y creyó él en el Señor, el cual se lo reputó por justicia» (Gn 15,6). Por eso Pablo puede decir que la justicia salvadora de Dios «viene de la fe». La vida de Abrahán, de hecho, es una muestra de la fuerza que brota de la fe. Él fue justificado por la fe, y no por sus obras. Por eso es llamado justo: Dios lo hizo justo por la fe y lo salvó. Abrahán se convierte precisamente en ejemplo del creyente porque creyó en la Palabra de Dios. En ese sentido, Abrahán es «padre de todos nosotros», de todos los creyentes en el Dios que ha hecho toda la creación y se ha manifestado como Dios único. Por eso, judíos, cristianos y musulmanes son hijos de Abrahán, el creyente. A causa de la fe el santo patriarca conoció un destino distinto: confiándose totalmente a Quien le había llamado, fue liberado de la esclavitud de sí mismo, de sus obras y de su vanagloria. Por la fe, y no por la clarividencia de la visión o por la certeza de sus convicciones, Abrahán dejó su tierra y se encaminó hacia un destino que no conocía. Por la fe absoluta y total en Dios llevó hasta el monte a su hijo, su único hijo, Isaac, para inmolarlo, y Dios se lo devolvió. Sobre este camino que abrió Abrahán, nuestro padre en la fe, Pablo delinea el camino para los que acogen a Jesús como Señor de su vida.


13/12/2012
Memoria de la Iglesia


Agenda de la semana
DIC
4
Domingo 4 de diciembre
Liturgia del domingo
DIC
5
Lunes 5 de diciembre
Oración por los enfermos
DIC
6
Martes 6 de diciembre
Memoria de la Madre del Señor
DIC
7
Miércoles 7 de diciembre
Memoria de los santos y de los profetas
DIC
8
Jueves 8 de diciembre
Fiesta de la Inmaculada
DIC
9
Viernes 9 de diciembre
Memoria de Jesús crucificado
DIC
10
Sábado 10 de diciembre
Vigilia del domingo
DIC
11
Domingo 11 de diciembre
Liturgia del domingo

Per Natale, regala il Natale! Aiutaci a preparare un vero pranzo in famiglia per i nostri amici più poveri