Riccardi Andrea: en la web

Riccardi Andrea: en las redes sociales

change language
usted está en: home - oración - la oraci...ada día cómo contactarnosnewsletterlink

Sostiene la Comunidad

  

La oración cada día


 
versión para imprimir

Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo especial de las comunidades cristianas en Europa y en las Américas.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Romanos 9,1-33

Digo la verdad en Cristo, no miento, - mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo -, siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. Pues desearía ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne, - los israelitas -, de los cuales es la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, y los patriarcas; de los cuales también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. No es que haya fallado la palabra de Dios. Pues no todos los descendientes de Israel son Israel. Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos. Sino que «por Isaac llevará tu nombre una descendencia»; es decir: no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendencia. Porque éstas son las palabras de la promesa: «Por este tiempo volveré; y Sara tendrá un hijo.» Y más aún; también Rebeca concibió de un solo hombre, nuestro padre Isaac; ahora bien, antes de haber nacido, y cuando no habían hecho ni bien ni mal - para que se mantuviese la libertad de la elección divina, que depende no de las obras sino del que llama - le fue dicho a Rebeca: El mayor servirá al menor, como dice la Escritura: Amé a Jacob y odié a Esaú. ¿Qué diremos, pues? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! Pues dice él a Moisés: Seré misericordioso con quien lo sea: me apiadaré de quien me apiade. Por tanto, no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia. Pues dice la Escritura a Faraón: Te he suscitado precisamente para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea conocido en toda la tierra. Así pues, usa de misericordia con quien quiere, y endurece a quien quiere. Pero me dirás: Entonces ¿de qué se enoja? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad? ¡Oh hombre! Pero ¿quién eres tú para pedir cuentas a Dios? ¿Acaso la pieza de barro dirá a quien la modeló: "por qué me hiciste así"? O ¿es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras para usos despreciables? Pues bien, si Dios, queriendo manifestar su cólera y dar a conocer su poder, soportó con gran paciencia objetos de cólera preparados para la perdición, a fin de dar a conocer la riqueza de su gloria con los objetos de misericordia que de antemano había preparado para gloria: con nosotros, que hemos sido llamados no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles... Como dice también en Oseas: Llamaré pueblo mío al que no es mi pueblo: y amada mía a la que no es mi amada. Y en el lugar mismo en que se les dijo: No sois mi pueblo, serán llamados: Hijos de Dios vivo. Isaías también clama en favor de Israel: Aunque los hijos de Israel fueran numerosos como las arenas del mar, sólo el resto será salvo. Porque pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra. Y como predijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos dejara una descendencia, como Sodoma hubiéramos venido a ser, y semejantes a Gomorra. ¿Qué diremos, pues? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han hallado la justicia - la justicia de la fe - mientras Israel, buscando una ley de justicia, no llegó a cumplir la ley. ¿Por qué? Porque la buscaba no en la fe sino en las obras. Tropezaron contra la piedra de tropiezo, como dice la Escritura: He aquí que pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de escándalo; mas el que crea en él, no será confundido.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Después de haber hablado de la justicia de Dios que salva, que justifica al creyente y lo hace capaz de vivir según el Espíritu, el apóstol dirige ahora su atención al pueblo de Israel y al misterio de su historia. Se siente profundamente unido a la historia del pueblo que Dios escogió desde Abrahán. Y se pregunta con profunda angustia qué será de este pueblo si la salvación depende de la redención de Jesús y no de la ley. Es lógica la amargura que siente el apóstol porque sus antiguos hermanos en la carne no llegan a gozar de la nueva alianza establecida por Jesús: «Siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. Pues desearía ser yo mismo maldito, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne. Son israelitas; de ellos es la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, y los patriarcas». Es más –añade Pablo–: «de ellos también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos». El pueblo de la primera alianza se ha dejado sorprender –afirma– por la presunción de poseer el favor de Dios mediante la ley. Y esta convicción les ha llevado a tropezar en la «piedra de tropiezo», es decir, a no reconocer a Jesús como Hijo de Dios y Mesías de su pueblo. Aun así –y aquí el apóstol toca el misterio de la fidelidad de Dios–, «no ha fallado la Palabra de Dios». El problema que se plantea el apóstol se refiere a quién es el verdadero Israel. Y afirma que no todos los descendientes de Israel pueden considerarse como tales. Para ser amigos de Dios y herederos de la promesa no basta con la descendencia de la carne y de la sangre, sino la adhesión del corazón al Evangelio de Cristo. Solo la fe, es decir, la adhesión libre y total de nuestro corazón a Dios que nos salva a través de Jesús, nos libra de la esclavitud de la carne para hacernos partícipes de la salvación. Por eso también los discípulos de Jesús deben guardarse de una pertenencia exterior, individualista y ritual a la comunidad de creyentes. Solo la fe marcada por el amor salva.


24/01/2013
Memoria de la Iglesia


Agenda de la semana
DIC
4
Domingo 4 de diciembre
Liturgia del domingo
DIC
5
Lunes 5 de diciembre
Oración por los enfermos
DIC
6
Martes 6 de diciembre
Memoria de la Madre del Señor
DIC
7
Miércoles 7 de diciembre
Memoria de los santos y de los profetas
DIC
8
Jueves 8 de diciembre
Fiesta de la Inmaculada
DIC
9
Viernes 9 de diciembre
Memoria de Jesús crucificado
DIC
10
Sábado 10 de diciembre
Vigilia del domingo
DIC
11
Domingo 11 de diciembre
Liturgia del domingo

Per Natale, regala il Natale! Aiutaci a preparare un vero pranzo in famiglia per i nostri amici più poveri