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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Primera Corintios 2,10-16

Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado, de las cuales también hablamos, no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales. El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas. En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle. Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Pablo, que hace poco ha experimentado el «fracaso» de Atenas, se presenta a los cristianos de Corinto fuerte únicamente de la predicación de Cristo crucificado, la síntesis más elevada del Evangelio del amor. Es el corazón del anuncio evangélico y de la predicación cristiana. En la cruz se cumple el amor de Dios por los hombres. Él, en efecto, envió a su propio Hijo a la tierra para que se entregara a la muerte en cruz, y salvara así a los hombres del mal y de la muerte. En la carta a los Romanos, Pablo había escrito que apenas habrá quien esté dispuesto a morir por una persona de bien, pero Dios envió a su Hijo a morir por nosotros cuando éramos pecadores. El discípulo está llamado a comprender y a comunicar al mundo esta «buena noticia». Y debe hacerlo no tanto con razonamientos refinados sino con su propia vida, como hizo el mismo Jesús. El apóstol recuerda a los Corintios que no les ha hablado con «persuasivos discursos de sabiduría», sino con «la demostración del Espíritu y de su poder». Es decir, con palabras eficaces, con el testimonio de cambios efectivos, reales. No se trata de convencer sino de tocar los corazones y de cambiar la vida. Se trata de convertirse en hombres «espirituales», que se dejan guiar por el Espíritu del Señor. El discípulo, guiado por el Espíritu, se hace espiritual, es decir, lleno de una sabiduría que no le viene de sus tradiciones ni de sus costumbres humanas sino del Evangelio. El Espíritu, de hecho, revela a los discípulos el misterio escondido a lo largo de los siglos, que permite descubrir en el rostro de Jesús lo que ningún otro ojo había visto jamás, que permite comprender el misterio del amor que contienen las Santas Escrituras y la vida de la Iglesia. Quien se deja guiar por el Espíritu puede decir con el apóstol: «Nosotros tenemos la mente de Cristo».


18/02/2013
Oración por la Paz


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