Riccardi Andrea: en la web

Riccardi Andrea: en las redes sociales

change language
usted está en: home - oración - la oraci...ada día cómo contactarnosnewsletterlink

Sostiene la Comunidad

  

La oración cada día


 
versión para imprimir

Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes son una estirpe elegida,
un sacerdocio real, nación santa,
pueblo adquirido por Dios
para proclamar sus maravillas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hebreos 8,1-5

Este es el punto capital de cuanto venimos diciendo, que tenemos un Sumo Sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, al servicio del santuario y de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre. Porque todo Sumo Sacerdote está instituido para ofrecer dones y sacrificios: de ahí que necesariamente también él tuviera que ofrecer algo. Pues si estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo ya quienes ofrezcan dones según la Ley. Estos dan culto en lo que es sombra y figura de realidades celestiales, según le fue revelado a Moisés al emprender la construcción de la Tienda. Pues dice: Mira, harás todo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes serán santos
porque yo soy santo, dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El autor, continuando su reflexión sobre la centralidad del nuevo «sumo sacerdote» para la Iglesia, afirma que Jesús lleva a cabo su cometido no en la Tierra, sino en el cielo: «Tenemos un sumo sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, al servicio del santuario y de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre». Estamos en una nueva dimensión cultural: Jesús no es sacerdote a la manera de los levitas que oficiaban en el templo para ofrecer a Dios las cosas de la Tierra. Es más –continúa la epístola–, Jesús no habría ni siquiera podido ser sacerdote en la Tierra, porque en el templo las oblaciones y los sacrificios están prescritos por la ley, mientras que Jesús se ofreció a sí mismo y una vez para siempre inaugurando un nuevo culto según las leyes del cielo. Probablemente el autor retoma las imágenes del santuario celestial de la literatura apocalíptica que gozaban de una amplia difusión en su tiempo. Pero ya en el libro de la Sabiduría se dice que el templo de Jerusalén es una «imitación de la tienda santa que preparaste desde el principio» (Sb 9,8). Algunos rabinos pensaban incluso que el santuario celestial estaba frente al terrenal, y que entre el servicio de los ángeles en el cielo y el de los sacerdotes en la Tierra había una estrecha correspondencia. Efectivamente, existe un vínculo entre el culto de la Tierra y el del cielo. La epístola afirma que Jesús es sumo sacerdote del tabernáculo verdadero, que acoge tanto a la Tierra como al cielo, mientras que los sacerdotes del templo prestan su servicio en un santuario que es solo la figura del primero. Y si el tabernáculo de Moisés era simple obra humana, Dios erigió en Cristo el tabernáculo verdadero, el templo santo y definitivo: la comunidad de los creyentes. Por eso la alianza entre Dios y los hombres, con la mediación de Jesús sumo sacerdote, es superior a la anterior. Las «promesas» del nuevo pacto son extraordinarias porque traen el cielo a la Tierra, instaurando un nuevo tiempo y creando un pueblo nuevo que da testimonio de la salvación de Dios. Ya el profeta Jeremías había hablado de cuatro promesas futuras: «Esta es la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: “pondré mis leyes en su mente, en sus corazones las grabaré; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. Y no habrá de instruir ni uno a su prójimo ni otro a su hermano diciendo: “¡Conoce al Señor!”, pues todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque me apiadaré de sus iniquidades y de sus pecados no me acordaré ya». En el nuevo tiempo inaugurado por Cristo la ley ya no está escrita sobre piedras, como sucedió en el Sinaí, sino en el corazón de los discípulos a través del Espíritu infundido en sus corazones, y estos vivirán una comunión profunda con Dios y con los hermanos y se convertirán en el nuevo pueblo que da muestra del amor y el perdón para todos.


12/06/2013
Memoria de los santos y de los profetas


Agenda de la semana
NOV
27
Domingo 27 de noviembre
Liturgia del domingo
NOV
28
Lunes 28 de noviembre
Memoria de los pobres
NOV
29
Martes 29 de noviembre
Memoria de la Madre del Señor
NOV
30
Miércoles 30 de noviembre
Memoria de los apóstoles
DIC
1
Jueves 1 de diciembre
Memoria de la Iglesia
DIC
2
Viernes 2 de diciembre
Memoria de Jesús crucificado
DIC
3
Sábado 3 de diciembre
Vigilia del domingo
DIC
4
Domingo 4 de diciembre
Liturgia del domingo