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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de san Calixto papa (†222). Amigo de los pobres, fundó la casa de oración sobre la que se erigió Santa Maria in Trastevere.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Primero de los Macabeos 3,10-26

Apolonio reunió gentiles y una numerosa fuerza de Samaría para llevar la guerra a Israel. Judas, al tener noticia de ello, salió a su encuentro, le venció y le mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a la fuga. Recogido el botín, Judas tomó para sí la espada de Apolonio y en adelante entró siempre en combate con ella. Serón, general del ejército de Siria, al saber que Judas había congregado en torno suyo una multitud de fieles y gente de guerra, se dijo: «Conseguiré un nombre y alcanzaré gloria en el reino atacando a Judas y a los suyos, que desprecian las órdenes del rey.» Partió, pues, a su vez, y subió con él una poderosa tropa de impíos para ayudarle a tomar venganza de los hijos de Israel. Cuando se aproximaba a la subida de Bet Jorón, le salió al encuentro Judas con unos pocos hombres. Al ver éstos el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos combatir, siendo tan pocos, con una multitud tan poderosa? Además estamos extenuados por no haber comido hoy en todo el día.» Judas respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos; que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo. Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos; nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes; El les quebrantará ante nosotros; no les temáis.» Cuando acabó de hablar, se lanzó de improviso sobre ellos y Serón y su ejército fueron derrotados ante él. Les persiguieron por la pendiente de Bet Jorón hasta la llanura. Unos ochocientos sucumbieron y los restantes huyeron al país de los filisteos. Comenzó a cundir el miedo a Judas y sus hermanos y el espanto se apoderó de los gentiles circunvecinos. Su nombre llegó hasta el rey y en todos los pueblos se comentaban las batallas de Judas.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La acción de Judas preocupó no poco a las autoridades sirias hasta el punto de que decidieron reprimir con la fuerza el más mínimo intento de revuelta. La primera acción de guerra fue dirigida por Apolonio, que ya había llevado a cabo terribles represalias contra los judíos en Jerusalén (1,29). En su ejército había también soldados samaritanos, tradicionalmente hostiles a los judíos. De este primer enfrentamiento se dice solo que Judas asesinó a gran parte del ejército contrario y que se adueñó de la espada de Apolonio, una vez este había sido asesinado, como había hecho David tras abatir a Goliat (1 S 17,51). Tras la acción de Apolonio llegó la de su superior en la jerarquía militar, Serón, que se propuso reparar el fracaso sufrido por su subalterno Apolonio. Reunió a un ejército más fuerte que el de Judas tanto en número como en capacidad táctica. El ejército de Judas estaba formado por un pequeño grupo de «piadosos» judíos (los asideos), a los que se habían sumado algunos guerreros mal equipados y en precario estado a causa de su vida errante. Al ver al ejército adversario tan numeroso, se desanimaron y le dijeron a Judas: «¿Cómo podemos combatir, siendo tan pocos, con una multitud tan poderosa? Además estamos extenuados por no haber comido hoy en todo el día». Pero Judas, recordando la fe en el Señor, les contestó: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos; que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo». Tras haber recordado la fuerza de Dios, añadió: «Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos; nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes; Él los quebrantará ante nosotros; no les temáis». Toda la historia del pueblo de Israel está marcada por esta convicción de fe: no es la fuerza humana, lo que salva a Israel, sino el poder de Dios que lo guía y lo protege. Judas consolida con sus palabras la fe de sus tropas, que derrotan al ejército adversario, más bien equipado y más poderoso. Es la lógica de la fe, que prosigue a lo largo de los siglos y llega también hasta nosotros: solo en Dios está nuestra salvación.


14/10/2013
Memoria de los pobres


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