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Iglesia de San Egidio - Roma

Oración por la unidad de las Iglesias. Recuerdo especial de las Iglesias de la Comunión anglicana


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Marcos 2,23-28

Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?» El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?» Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Después de la disputa sobre el ayuno que escuchamos ayer, el evangelista Marcos nos narra la que se refiere al Sábado. Los fariseos ven que los discípulos de Jesús, mientras caminan por un sembrado en día de Sábado, recogen espigas para comerlas, transgrediendo así la ley del reposo del Sábado. El pasaje paralelo de Mateo especifica la razón: los discípulos “sintieron hambre” (Mt 12, 1). Inmediatamente los fariseos acusan al Maestro de permitir a los discípulos transgredir la ley. Pero Jesús defiende a sus discípulos, y pone un ejemplo análogo sucedido a David, el cual, huyendo de Saúl que quería matarlo, entró en el templo y comió junto con sus compañeros el pan bendecido reservado a los sacerdotes. Y Jesús añade: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado”. Con esta afirmación Jesús quiere mostrar lo que verdaderamente cuenta en la ley: la salvación del hombre. El hombre y su salvación están en el corazón mismo de las Escrituras. En efecto, el Señor ha creado el mundo y ha enviado a su propio Hijo por amor del hombre, para salvarlo del pecado y de la muerte. El creyente, en consecuencia, no está llamado tanto a observar las reglas como a responder al amor de Dios y a vivir con amor hacia los demás. Esta página evangélica manifiesta cuánto le importa a Jesús la salvación del hombre. Él ha venido a la tierra para esto, como escribe el evangelista Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). He aquí por qué el Hijo del hombre es Señor también del Sábado: ha venido para salvar, no para condenar. Y a cada uno de nosotros nos pide que le sigamos por este camino, el del amor.


21/01/2014
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