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Iglesia de San Egidio - Roma

Sábado santo
Aniversario de la inauguración del ministerio pastoral del Papa Benedicto XVI.


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Lucas 23,50-56

Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía. Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado. Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo, Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Una persona buena y justa no estuvo de acuerdo con la decisión de matar a Jesús. Había sido convocado para la reunión matutina en la cual se habría juzgado y condenado a Jesús. El evangelista señala que José de Arimatea se había abstenido de aprobar la sentencia capital pronunciada por los miembros del Sanedrín. Otro José llega al final de la vida de Jesús. El primero le salvó de Herodes, el segundo le descuelga de la cruz, le envuelve en una sábana y le pone en un sepulcro nuevo. A él se unen las mujeres que habían seguido a Jesús. Ante el sepulcro, ante el dolor de este mundo, ante la muerte, ante el sueño de los discípulos, ante el sufrimiento, sólo queda la fe en las palabras de Jesús que se ha confiado al Padre. Lucas escribe: "Era el día de la Preparación y apuntaba el sábado". Tal vez no eran sólo las luces de una ciudad que se despertaba, sino también las de una nueva hora, un nuevo día para aquel hombre y para el mundo. Ante la amplitud de dolor, quien no se adhiere a la decisión de matar y oprimir al hombre, no está llamado sólo a llorar sino a creer, rezar y tener esperanza en una hora diferente. La tradición de la Iglesia, que se basa en los pasajes de la Escritura que hablan del descenso de Jesús a los infiernos, es que este día Jesús desciende al "bajo mundo", el lugar de la morada de los muertos, para recogerles, comenzando por Adán y Eva, y llevarles consigo al paraíso. Es el icono de la Pascua venerado en la tradición ortodoxa. Desde aquí comienza la resurrección, desde la bajada de Jesús al bajo mundo, a los infiernos de este mundo. Podemos decir que Jesús, aún hoy, sigue bajando a los "infiernos" de este mundo para arrancar de las manos de la muerte a todos los que han sido violentados por el mal y abatidos. El resucitado quiere llevarles con él al cielo. A ellos y a muchos otros Jesús les sigue diciendo: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".


19/04/2014
Sábado santo


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