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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de san Pancracio, mártir a los 14 años por amor al Evangelio. Oración por las jóvenes generaciones, para que encuentren el Evangelio y al Señor.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Juan 10,1-10

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo:
yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí
son ladrones y salteadores;
pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta;
si uno entra por mí, estará a salvo;
entrará y saldrá
y encontrará pasto. El ladrón no viene
más que a robar, matar y destruir.
Yo he venido
para que tengan vida
y la tengan en abundancia.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

En este pasaje del Evangelio Jesús se presenta como el "buen pastor", que recoge las ovejas dispersas y las lleva por el camino de Dios. Aunque la imagen sea antigua, su verdad es muy actual. Tal vez nunca como hoy, los hombres y las mujeres viven en un estado de dispersión y soledad. El individualismo, enclavado en el corazón de cada hombre, hoy parece incluso más fuerte que ayer: la sociedad se ha vuelto más competitiva, más agresiva y por lo tanto más cruel. El impulso de ruptura es más fuerte que el de solidaridad: los individuos y los pueblos sienten sus propios intereses por encima de todo y de todos. Las distancias y los conflictos aumentan cada vez más. El sueño de la igualdad se considera incluso peligroso. Incluso se exalta como un valor el hecho de no tener que depender de nadie y de no dejarse influenciar ni condicionar nunca por nadie. En este ambiente crecen y se multiplican los "ladrones" y los "salteadores", es decir, aquellos que roban las vidas de los demás en beneficio propio. Incluso la vida humana se convierte en una mercancía que se vende y se roba. La dictadura del mercado no perdona a nadie. Los más débiles son los más afectados y violentados. La globalización que ha acercado a los pueblos, sin embargo no les ha hecho hermanos. Es necesario un "buen pastor" que conozca a las ovejas y las salve, una a una, conduciéndolas a todas a los pastos para que se alimenten con abundancia. Son demasiados los "ladrones" y los "salteadores" que siguen robando la vida de los demás, sobre todo de los más pequeños, los ancianos y los indefensos, y muchos corremos el riesgo de convertirnos en sus cómplices. De hecho, cada vez que nos encerramos en nuestro egocentrismo, no sólo nosotros mismos somos presa de ellos, sino que nos convertimos en cómplices de sus robos. No es una casualidad que el Papa Francisco haya estigmatizado la globalización de la indiferencia, la ausencia de lágrimas por los que mueren abandonados y san Ambrosio observó con razón: "¡Cuántos dueños acaban teniendo los que rechazan al único Señor!". Jesús, pastor bueno, nos recoge de la dispersión para guiarnos hacia un destino común; y si es necesario va a tomar personalmente a quien se ha extraviado para traerlo de vuelta al redil. Para ello, no tiene miedo de tener que pasar, si es necesario, a través de la muerte, con la seguridad de que el Padre devuelve la vida a quien la gasta generosamente por los demás. Es el milagro de la Pascua. Jesús resucitado es la puerta que se ha abierto para que pudiéramos entrar en la vida que no termina. Jesús, no sólo no nos roba la vida, al contrario, nos la da en abundancia, multiplicada por la eternidad.


12/05/2014
Memoria de los pobres


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