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Iglesia de San Egidio - Roma

Conmemoración de Nuestra Señora de Sheshan santuario cerca Shanghai, China. Oración por los cristianos en China


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Juan 15,18-21

«Si el mundo os odia,
sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo,
el mundo amaría lo suyo;
pero, como no sois del mundo,
porque yo al elegiros os he sacado del mundo,
por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho:
El siervo no es más que su señor.
Si a mí me han perseguido,
también os perseguirán a vosotros;
si han guardado mi Palabra,
también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre,
porque no conocen al que me ha enviado.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús, después de hablar de la relación íntima de amor entre los discípulos y él, continúa hablando del odio del que serán objeto los discípulos en el mundo por parte de las fuerzas del mal. En efecto, hay una incompatibilidad profunda, radical, entre el amor gratuito que es propio del verdadero discípulo de Jesús y la lógica mundana que siempre busca el beneficio o, al menos, el intercambio en cualquier situación. Esto no significa que es necesario sentirse ajenos a la realidad que nos rodea ni aspirar a separarnos por completo de ella. Todos seguimos siendo ciudadanos de este mundo pero, como dice un documento cristiano antiguo, la Carta a Diogneto, somos al mismo tiempo extranjeros respecto a su mentalidad, introducidos en él, pero como peregrinos que caminan hacia la meta de una realidad diferente, mejor. Compararnos escrupulosamente a nosotros mismos, nuestras costumbres, los modos de actuar acostumbrados y habituales con las enseñanzaas del Señor es entonces la única manera de entender de quién somos hijos, si de Dios o de la mentalidad de este mundo. Sólo si caminamos por la senda del amor evangélico seremos signo de contradicción para el mundo, no por una supuesta originalidad propia, sino porque estamos unidos a Jesús, enviado por el Padre para acercarnos a Él. Por lo demás, Jesús no vino para confirmar al mundo en su esclavitud por parte del mal. Jesús vino a combatirlo y liberar a los hombres de la esclavitud que les hace esclavos y víctimas del mal y la perversidad. Jesús ha comenzado una verdadera lucha contra el mal y su poder sobre los hombres. Los discípulos, obviamente, al estar con Jesús recibirán la misma hostilidad que se abate sobre él. Por eso Jesús advierte a los discípulos de entonces y de hoy: "Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán". El discípulo que vive el Evangelio se convierte en signo del Señor mismo. Quien lo acoge y sigue su ejemplo, acoge e imita a Jesús mismo y quien desprecia al discípulo desprecia a Jesús mismo. Es lo que fue revelado a Pablo en el camino de Damasco. El Señor le dijo: "Saulo, ¿por qué me persigues?". En esta pregunta aparece con claridad aquel vínculo estrecho que existe entre Jesús y los discípulos, incluidos nosotros, y explica el porqué de la oposición a los cristianos aún hoy. El mensaje del Evangelio es siempre una alternativa a la mentalidad egocéntrica del mundo.


24/05/2014
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