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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de Maria, enferma psíquica que murió en Roma. Con ella, recordamos a todos los enfermos psíquicos.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 13,24-30

Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La parábola de la cizaña ha sido uno de los textos evangélicos fundamentales en algunos momentos históricos, cuando los hombres religiosos vieron mayormente amenazados los derechos de la verdad y sintieron la exigencia de defenderlos. Se puede decir que una larga historia de guerras de religión que fueron impulsadas por cristianos encontraron principalmente en este texto de las Escrituras un obstáculo que les llevaba a reflexión, replanteamientos y dudas. El propietario del campo, en efecto, tiene un comportamiento totalmente singular. Se da cuenta de que un enemigo ha sembrado cizaña allí donde él había sembrado semilla buena. No obstante, cuando los siervos le refieren lo sucedido, él les impide cortar la hierba desde el inicio. ¿Por qué aquel propietario frena el celo de los que, al fin y al cabo, solo quieren defender su hacienda, aunque los siervos, en realidad, deberían haber sentido al menos un poco de culpa ya que el enemigo había sembrado la cizaña mientras ellos dormían? Esta pregunta nos hace entrar en el misterio abismal del amor de Dios, que es más grande que nuestras lógicas. Podríamos decir que con esta parábola empieza la historia de la tolerancia cristiana, porque corta de raíz la hierba mala –esta sí, realmente mala– del maniqueísmo, de toda distinción entre buenos y malos, entre justos e injustos. Contiene no solo la invitación a una tolerancia ilimitada, sino incluso al respeto por el enemigo, incluso si se trata de un enemigo no solo personal sino de la causa más justa y más santa, de Dios, de la justicia, de la nación o de la libertad. Sigue siendo un misterio aquel enemigo que, mientras todos dormían, siembra entre el trigo la división, la hierba inútil y ahoga la buena. Es el misterio del mal al que no hay que responder con otro mal, sino con la fuerza de la esperanza, defendiendo el trigo hasta que dé fruto, más fuerte que la división a la que debemos siempre hacer frente. También es un desafío a vigilar con mayor atención para no dormirnos y evitar así que pueda continuar sembrando cizaña. La decisión del propietario, tan alejada de nuestra lógica y de nuestros comportamientos, sienta las bases de una cultura de la paz. Hoy, mientras proliferan trágicos conflictos, esta parábola evangélica es una invitación al encuentro y al diálogo. Dicha actitud no es signo de debilidad ni de cesión, pues no se trata de tolerar el mal sino de no matar a los pecadores. El Señor concede a todos los hombres la posibilidad de bajar hasta lo más profundo de su corazón para encontrar la huella de Dios y de su justicia y cambiar de vida.


26/07/2014
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