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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ageo 1,1-8

El año segundo del rey Darío, el día uno del sexto mes, fue dirigida la palabra de Yahveh, por medio del profeta Ageo, a Zorobabel, hijo de Sealtiel,
gobernador de Judá, ya a Josué, hijo de Yehosadaq,
sumo sacerdote, en estos términos: Así dice Yahveh Sebaot: Este pueblo dice: "¡Todavía no ha llegado el momento de reedificar la Casa de Yahveh!" (Fue, pues, dirigida la palabra de Yahveh, por medio del profeta Ageo, en estos términos:) ¿Es acaso para vosotros el momento de habitar en vuestras casas artesonadas, mientras esta Casa está en ruinas? Ahora pues, así dice Yahveh Sebaot: Aplicad vuestro corazón a vuestros caminos. Habéis sembrado mucho, pero cosecha poca; habéis comido, pero sin quitar el hambre; habéis bebido, pero sin quitar la sed; os habéis vestido, mas sin calentaros, y el jornalero ha metido su jornal en bolsa rota. Así dice Yahveh Sebaot: Aplicad vuestro corazón a vuestros caminos. Subid a la montaña, traed madera, reedificad la Casa, y yo la aceptaré gustoso y me sentiré honrado, dice Yahveh.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ageo, entre todos los profetas de Israel, es el que más insiste en la reconstrucción del Templo. Su profecía se sitúa en el año 520 a.C., cuando el Templo de Jerusalén es aún un montón de ruinas. Los judíos ya habían vuelto del exilio, pero todavía no habían reconstruido el Templo. Durante seis meses Ageo predica casi exclusivamente sobre la necesidad de reconstruirlo: "Subid a la montaña, traed madera y reedificad el Templo; yo la aceptaré gustoso y me sentiré honrado, dice el Señor" (1,8). Esta insistencia parece casi una exageración. Sin duda es muy distinta de la de otros profetas, que insistían más en la conversión del corazón y en las obras de justicia, antes que en el culto del Templo. También hay que decir que la mayoría de la gente vivía en condiciones de extrema pobreza: la sequía había echado a perder las cosechas (1,10-11), hacía sufrir hambre a mucha gente (1,6) y había provocado que el desierto ocupara zonas de cultivo. Además, años atrás, la hostilidad de los samaritanos los había desanimado a intentar reconstruir el Templo (Esd 4,4-5). Por otra parte, ¿por qué debían preocuparse por la presencia de Dios, cuando si situación se caracterizaba por una suerte adversa y por el dominio de una potencia extranjera? El profeta Ageo quiere que el pueblo de Israel reflexione sobre la triste situación en la que se encuentra: "Prestad atención a la situación en que os halláis" (1,5.7). La tragedia que estaban viviendo se debía, en realidad, a su alejamiento de Dios. Aquello era cierto para el pueblo del Señor entonces y todavía lo es hoy. ¿Cuántas veces olvidamos al Señor y pensamos solo en nosotros mismos, convirtiéndonos así en cómplices de una vida triste no solo para nosotros sino también para los demás? Vuelven a la mente las palabras que Jesús dijo a aquellos que lo seguían: "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6,33). Buscar a Dios y su justicia son la base de una vida digna y solidaria. Para Ageo, reconstruir el Templo significaba volver a poner al Señor en el centro de la vida personal de cada uno y de todo el pueblo. Y la palabra profética tiene su efecto: Zorobabel, Josué y el pueblo despejaron el lugar del Templo de escombros durante tres semanas y el 21 de septiembre, según la narración de Ageo (1,12-15), se pusieron los cimientos del nuevo edificio (así se narra en los primeros capítulos del libro de Esdras). Esta es una invitación también para nosotros, para que despejemos nuestro corazón de los muchos quehaceres que lo entorpecen y pueda ser templo santo de Dios.


24/09/2015
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