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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de la deportación de los judíos de Roma durante la Segunda Guerra Mundial.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Romanos 4,1-8

¿Qué diremos, pues, de Abraham, nuestro padre según la carne? Si Abraham obtuvo la justicia por las obras, tiene de qué gloriarse, mas no delante de Dios. En efecto, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia. Al que trabaja no se le cuenta el salario como favor sino como deuda; en cambio, al que, sin trabajar, cree en aquel que justifica al impío, su fe se le reputa como justicia. Como también David proclama bienaventurado al hombre a quien Dios imputa la justicia independientemente de las obras: Bienaventurados aquellos cuyas maldades fueron perdonadas,
y cubiertos sus pecados.
Dichoso el hombre a quien el Señor no imputa culpa alguna.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

En el capítulo 4 de la Epístola a los Romanos, Pablo empieza una argumentación bíblica centrada en la figura de Abraham. El apóstol quiere demostrar que el "Evangelio de la justificación" no es una tergiversación de las Escrituras sino, por el contrario, una confirmación de las mismas, como escribe el capítulo anterior: "La justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas" (3,21). Abraham es por excelencia el modelo para los creyentes porque, abriéndose a la fe, recibió el don de la justicia. Ya en el libro del Génesis leemos: "Abraham creyó en el Señor, el cual se lo reputó por justicia" (Gn 15,6). La vida de Abraham es una muestra de la fuerza que brota de la fe. Él fue justificado por la fe, y no por sus obras. Por eso es llamado justo: Dios lo hizo justo por la fe y lo salvó. Abraham se convierte así en ejemplo del creyente justificado por la fe, porque creyó en la Palabra de Dios. El apóstol puede decir, por eso, que Abraham "es nuestro padre", el de todos los creyentes. Por su fe el santo patriarca conoció un destino distinto: confiándose totalmente a aquel que lo había llamado, fue liberado de la esclavitud de sí mismo, de sus obras y de sus tradiciones. Por la fe, y no por la clarividencia de la visión o por la certeza de sus convicciones, Abraham dejó su tierra y se encaminó hacia un destino nuevo. Por la fe absoluta y total en Dios llevó hasta la montaña a su hijo, su único hijo Isaac, para inmolarlo, y Dios se lo devolvió. En este camino que abrió Abraham, nuestro padre en la fe, Pablo dibuja el camino también para aquellos que acogen a Jesús como Señor de su vida.


16/10/2015
Memoria de Jesús crucificado


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