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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

En la Basílica de Santa María en Trastevere se reza por la paz.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Cantar de los Cantares 2,8-14

¡La voz de mi amado!
Helo aquí que ya viene,
saltando por los montes,
brincando por los collados. Semejante es mi amado a una gacela,
o un joven cervatillo.
Vedle ya que se para
detrás de nuestra cerca,
mira por las ventanas,
atisba por las rejas. Empieza a hablar mi amado,
y me dice:
"Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente. Porque, mira, ha pasado ya el invierno,
han cesado las lluvias y se han ido. Aparecen las flores en la tierra,
el tiempo de las canciones es llegado,
se oye el arrullo de la tórtola
en nuestra tierra. Echa la higuera sus yemas,
y las viñas en cierne exhalan su fragancia.
¡Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente! Paloma mía, en las grietas de la roca,
en escarpados escondrijos,
muéstrame tu semblante,
déjame oír tu voz;
porque tu voz es dulce,
y gracioso tu semblante."

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La Liturgia nos hace meditar este pasaje del Cantar mientras la Navidad está a las puertas "Miradlo aquí llega ... oculto tras la cerca". La escena que se describe nos permite contemplar a la amada que imagina a su amante que llega a las inmediaciones de la casa donde habita y que escruta a través de las ventanas para verla. Es él quien le pide salir para saborear juntos la belleza de la primavera: "Levántate, amor mío, hermosa mía, y vente". El amado lo repite dos veces, tanto la desea. Es la exhortación a encontrar al amado para acoger al Señor que viene a visitar la tierra. Muchas veces en el Cantar los amantes salen al abierto, o se imaginan allí: es como si salieran al jardín del Edén, con una naturaleza cubierta de una flora bellísima, fecunda y perfumada, y poblada de una fauna carente de dientes y garras afiladas, donde incluso el tiempo lluvioso parece algo que acaba de pasar y trae flores. La mujer está abandonando su reticencia, precisamente como haría una paloma que está dejando su nido entre las fisuras de las rocas. El amante desea ver su rostro y escuchar su voz. Son imágenes que describen bien el deseo de Dios. Sí, el deseo de Dios es encontrar a los hombres y salvarlos. Este es el sentido de la Navidad que nos disponemos a celebrar. Es el Señor quien una vez más toma la iniciativa y corre hacia Israel. Está a la puerta, está a punto de nacer. Como un joven enamorado implora que salgamos de nosotros mismos para acogerlo. El Tárgum parafrasea así este pasaje del Cantar: "Cuando … los de la casa de Israel moraban en Egipto, sus lamentos llegaron hasta el cielo… y [el Señor] superó de un salto el día fijado por los méritos de los Patriarcas, que son similares a montañas… Él miró a través de las ventanas y espió a través de las persianas, y vio la sangre del sacrificio de la Pascua… y tuvo piedad de nosotros… Y cuando se hizo mañana me dijo: levántate, asamblea de Jerusalén, mi preferida… aléjate de la esclavitud de los egipcios". Orígenes retoma sin embargo la escena de Jesús resucitado que dice a la Iglesia: "Levántate, … paloma mía, porque, mira, el invierno ha pasado, … Resucitando de la muerte he domado la tempestad y he traído la paz". Dios es impresionante en su amor. Él está por venir en medio de los hombres y nos pide acogerlo, dejarle ver nuestros rostros, abandonar las grietas de las rocas del egocentrismo y los escondites de las esclavitudes para ir a su encuentro. Y no es una petición de buenos modales, o simplemente de respeto y gratitud. Es la petición de un Dios que se ha enamorado de nosotros, que se hace mendigo de nuestro amor. Es el misterio escondido en la Navidad.


21/12/2015
Oración por la Paz


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