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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo del santo profeta David. Se le atribuyen algunos salmos. Desde hace siglos, los salmos nutren la oración de los judíos y de los cristianos. Recuerdo de san Tomás Becket, defensor de la justicia y de la dignidad de la Iglesia.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra
a los hombres de buena voluntad.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Primera Juan 2,3-11

En esto sabemos que le conocemos:
en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco»
y no guarda sus mandamientos
es un mentiroso
y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra,
ciertamente en él el amor de Dios
ha llegado a su plenitud.
En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él,
debe vivir como vivió él. Queridos,
no os escribo un mandamiento nuevo,
sino el mandamiento antiguo,
que tenéis desde el principio.
Este mandamiento antiguo
es la Palabra que habéis escuchado. Y sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo
- lo cual es verdadero en él y en vosotros -
pues las tinieblas pasan
y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz
y aborrece a su hermano,
está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz
y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas,
camina en las tinieblas,
no sabe a dónde va,
porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La primera lectura de la Eucaristía cotidiana de este tiempo de Navidad nos invita a meditar la primera Carta de Juan, como queriéndonos ofrecer las palabras del amor que salen del misterio mismo del nacimiento de Jesús. Sólo un amor como el de Dios puede hacernos comprender la belleza y la fuerza del misterio del niño que ha nacido. Y hay una correspondencia profunda con ese deseo de salvación enraizado en lo profundo del corazón de toda persona humana. Es un deseo que nos inquieta. Esa inquietud es el primer paso para salir de nosotros mismos, de nuestro egocentrismo. El apóstol Juan nos indica un camino simple para conocer al Señor. No se trata de hacer esfuerzos especulativos sino simplemente de guardar sus mandamientos. Es el único camino para conocer al Señor. Quien escucha y pone en práctica su Palabra permanece en Dios mismo, tanto como para poder afirmar que "en él el amor de Dios ha llegado a su plenitud". No somos nosotros por nuestras cualidades los perfectos, perfecto es el amor que se nos da. Quien lo acoge se encuentra también en ese camino de perfección porque se deja conducir por el amor mismo de Dios. El apóstol subraya que el mandamiento del amor es nuevo pero también antiguo. Es la esencia misma del Evangelio. El amor de Dios hecho carne en Jesús es el cambio radical que ha sucedido en la historia humana. Con Jesús se ha impreso una nueva perspectiva a la humanidad, una nueva visión se ha propuesto, ha aparecido "la luz verdadera" que disipa las tinieblas que envolvían al mundo. Es la luz del amor de Dios que lleva a amar a todos, sin excepción alguna, hasta a los enemigos. Quien no acoge ni vive este amor "camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos". El Evangelio del amor es la verdadera novedad que cambia el mundo.


29/12/2015
Oración del tiempo de Navidad


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