Riccardi Andrea: en la web

Riccardi Andrea: en las redes sociales

change language
usted está en: home - oración - la oraci...ada día cómo contactarnosnewsletterlink

Sostiene la Comunidad

  

La oración cada día


 
versión para imprimir

Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

En la Basílica de Santa María in Trastevere se reza por la paz.
Recuerdo de san Ignacio, obispo de Antioquía. Fue condenado a muerte y llevado a Roma, donde murió mártir (+107).


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Efesios 2,1-10

Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes... entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo en medio de las concupiscencias de nuestra carne, siguiendo las apetencias de la carne y de los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la Cólera... Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amo, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados - y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Pablo, tras haber proclamado la grandeza de la obra de Dios hecha realidad en Cristo a favor de la Iglesia, recuerda a los efesios su condición prebautismal: estaban muertos, lejos de Dios, subyugados al pecado y, por tanto, destinados a la muerte. Son los pecados, los que llevan a la muerte. Las transgresiones y los pecados (para Pablo ambos términos son sinónimos) no son vistos solo como actos puntuales, sino como una situación permanente de desobediencia, de lejanía de Dios y de esclavitud del mal. Solo la obediencia a Dios libra a la existencia humana del pecado. Antes de la conversión, "todos nosotros" –recuerda Pablo– vivíamos según la mentalidad egocéntrica de este mundo, sometidos al "príncipe del imperio del aire", es decir, el mal (en Ef 6,11 será llamado "diablo"). De hecho, cuando estábamos sometidos al espíritu del mal, nos comportábamos según nuestras "concupiscencias", siguiendo "las apetencias de la carne", obedeciendo a nuestros "malos pensamientos", en lugar de amar a Dios "con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente". Así pues, estábamos "por naturaleza" bajo la ira de Dios, es decir, en una situación que Dios no podía tolerar, porque chocaba con su designo de amor. No obstante, en su gran amor, él intervino para salvarnos: " Pero Dios, rico en misericordia, movido por el gran amor que nos tenía, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia habéis sido salvados—, y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús". El Señor tiene compasión y nos envía su amor sin mesura. Y lo extraordinario es eso: Él se dirige a un hombre pecador y, por tanto, a un enemigo suyo, y no ya a un hombre arrepentido. Y aun así no se limita a sacarnos de una situación sin salida. De hecho, nos comunica la verdadera vida. En Cristo, el Padre nos ha revelado su rostro misericordioso. Nosotros, miembros del cuerpo de Cristo, ya hemos resucitado con él y sabemos dónde está: con Dios. Unidos a Cristo y a su Cuerpo que es la Iglesia, somos libres del destino ciego del mal. Libres, por gracia, repite el apóstol. Y la fe es precisamente acoger este amor que libera. El creyente, pues, es libre no en virtud de sus obras, sino por el amor de Dios que se ha inclinado sobre nosotros "siendo nosotros todavía pecadores" (Rm 5,6.8.10). El apóstol recuerda la primacía de la gracia contra la tentación de que "nos gloriemos" de la salvación a través de nuestras "obras". La fe es acoger el amor de Dios en nuestro corazón y dejar que obre según su fuerza.


17/10/2016
Oración por la Paz


Agenda de la semana
DIC
4
Domingo 4 de diciembre
Liturgia del domingo
DIC
5
Lunes 5 de diciembre
Oración por los enfermos
DIC
6
Martes 6 de diciembre
Memoria de la Madre del Señor
DIC
7
Miércoles 7 de diciembre
Memoria de los santos y de los profetas
DIC
8
Jueves 8 de diciembre
Fiesta de la Inmaculada
DIC
9
Viernes 9 de diciembre
Memoria de Jesús crucificado
DIC
10
Sábado 10 de diciembre
Vigilia del domingo
DIC
11
Domingo 11 de diciembre
Liturgia del domingo

Per Natale, regala il Natale! Aiutaci a preparare un vero pranzo in famiglia per i nostri amici più poveri