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-Qué diferencia hay entre su cristianismo y el del Papa? -Mi cristianismo cabe en el cristianismo del Papa.
-Un Papa que pide perdón. -Y a mí eso me gusta.
-Hay quien lo ve como signo de debilidad. -Pues oiga lo que me dijo el otro día el arzobispo de Canterbury, ¡anglicano!: "¿Qué otro líder tenemos que no sea el Papa?".
-Tiene mérito en boca de un antipapista... -El Papa es débil físicamente, muy frágil, pero ¡qué fuerza tiene! En un mundo sin líderes que hablen de valores, la figura de Juan Pablo II crece más cada día. ¡Está él solo!
-O sea, que de debilidad, nada. -Al contrario: pedir perdón es fortaleza, es convicción cristiana. Y, además, fíjese: el Papa dice "pido perdón... y doy perdón".
-¿A quién perdona? -El siglo XX ha sido el siglo de los mártires cristianos. Masas de mártires anónimos.
-Recuérdemelos. -Los armenios en Turquía, los cristianos europeos bajo el comunismo y bajo el nazismo, misioneros en África... ¡Al holocausto judío le sigue el martirio cristiano! Gentes sencillas, como aquella campesina italiana...
-¿Quién? -Una campesina anónima que, en las montañas, acogió en su casa a unos aviadores aliados abatidos. Llegaron los nazis, lo descubrieron y fusilaron a la campesina. Antes de matarla, uno le preguntó por qué había hecho aquello. "Lo aprendí en el catecismo", dijo. ¡Claro!: dar de comer al hambriento...
-¿Es lo que un día decidió hacer usted? -Sí. Era en 1968, en unos días de agitación social, de grandes deseos de construir, de gran protagonismo de la juventud...
-Y fundaron la comunidad de San Egidio. -Fuimos diez estudiantes de instituto: en las barracas de la periferia romana hicimos una escuela para niños sin escolarizar, y...
-¿Qué le movía a usted a hacer eso? -El descubrimiento del Evangelio como libro de vida. Pero eran aquellos días: tras el concilio Vaticano II, había la idea de volcarse en la sociedad, de hacer cosas...
-¿Con qué dinero? -No sé, con el que mi padre me daba para una pizza, con nada. Hoy estamos en 60 países: cada comunidad es autónoma, con aportaciones voluntarias. Y, ¡muy importante!, los miembros de cada comunidad son personas de ese lugar, cristianos laicos.
-¿Y por qué no se hizo usted sacerdote? -Uno puede querer ser cantante y desafinar mucho. Yo entendí que mi plan personal de vida, el que me correspondía, era éste.
-¿Y en qué consiste ese plan? -En ayudar a los pobres, a los marginados, a los emigrantes, a los niños abandonados... En Roma es ya una institución la comida que repartimos cada día a 1.000 indigentes.
-La sopa boba... -Hay quien dice: "¡La gente se aprovecha de vosotros!". Yo creo que nadie que pudiera comer en su casa prefiriría ir a "la sopa", como dice usted. ¡Vienen quienes lo necesitan de verdad! Y quiero contarle dos casos.
-Por favor. -Uno: fui hace poco a los Balcanes y me presentaron a un obispo ortodoxo. Se metió la mano entre la ropa, ¡y me sacó el carnet de haber comido nuestra sopa! Había sido un emigrante albanés en Italia. Otro: visité una cárcel en Guinea-Conakry, y uno de aquellos presos me habló italiano: había estado también en "la sopa"de nuestra comunidad.
-¿Conclusión? -¡Somos la internacional de los pobres!
-¿Inmigrantes la mayoría de ellos, hoy? -Sí, y que desde nuestra mesa se organizan en un grupo europeo: Gentes de Paz.
-Tenemos en Cataluña un debate sobre derechos y deberes de los inmigrantes... -Necesitamos a los inmigrantes. Es así. Y ellos piden integrarse, ser como los demás: ¡atendamos esa demanda y todo irá bien!
-¿No teme usted que conviertan en mezquitas nuestras iglesias? -El islam no tendrá éxito en Europa: es una civilización, y con unos rasgos que no convencen aquí. En cambio, las religiones orientales -budismo, etcétera- sí atraen, porque permiten la religión personal, a la carta.
-Pero los musulmanes piden mezquitas... -Que las tengan. Es un derecho, ¿no? Y ellos deben respetar lo nuestro. Por eso la laicidad es importante. ¡Una idea cristiana!
-No. ¿La laicidad, cristiana? Convénzame. -Sí: "Al césar, lo que es del césar; a Dios, lo que es de Dios". ¿Lo ve? Ya sé que la Iglesia no ha hecho siempre honor a esa idea...
-Pero, a mayor laicidad..., menos Iglesia. -¡No! El final del siglo XX ha sido la revancha de Dios: al principio parecía que, a más modernidad, habría menos religión; y al final ha resultado que, a más modernidad, más secularización, ¡pero también más religión! Y ahí, a la Iglesia, le toca reubicarse...
-Defíname su cristianismo como laico. -Soy mixto: soy a la vez cristiano, a la vez laico, y un poco judío, y un poco globalizado... Como todos nosotros.
-Cíteme el peor momento de la Iglesia. -Cuando se identificó con la aristocracia, entró en palacio y se convirtió en poder.
-Y el mejor. -¡Francisco de Asís saliendo a la calle, con los pobres!
-¿Como hoy ustedes? -Más modestamente. Somos poca cosa...
-La Generalitat le premia. Quizá Pujol le pida que interceda ante el Papa para que hable catalán en la bendición urbi et orbi... -¿No lo hace ya? No lo sabía. Qué raro... Me extraña, porque este Papa es políglota y muy sensible a las culturas nacionales. Si algún Papa va a hacerlo, tiene que ser éste.
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