Comunità di S.Egidio


 

16/05/2001

ENTREVISTA
Andrea Riccardi: "Detuvimos una guerra de un millón de muertos"
Riccardi defiende la cultura del diálogo al recibir el Catalunya

 

No es un sacerdote, pero por sus palabras podría pasar por uno; muy ilustrado, eso sí. Su aspecto es el de un profesor universitario de historia. Exactamente lo que es, pero no sólo eso. Hace más de 30 años, cuando era un jovenzuelo inquieto, fun- do una comunidad laica comprometida con los pobres y, más tarde, mediadora en conflictos bélicos. Acaba de recibir el Premi Internacional Catalunya de este año.

Cómo fue su Mayo del 68?
Eramos estudiantes de la alta burguesía romana y descubrimos las barracas cercanas al Tíber. Nos rebelamos contra la injusticia social.

Era la Roma de Pasolini.
Cierto. Roma era una ciudad tercermundista, con 50.000 personas viviendo en condiciones absolutamente precarias. Entonces no eran albaneses o marroquís, sino italianos del sur, meridionales. Recuerda Rocco y sus hermanos ?

Gran película.
No sé si Rocco tenía entonces más hermanos que un Alí de hoy.

Iban a contracorriente, porque lo que privaba era la política.
El 68 no fue un hecho político, sino antropológico. Una generación que se rebelaba contra la autoridad universitaria, familiar, eclesiástica y militar. Querían construir algo nuevo...

Usted también.
Para mí fue el descubrimiento del Evangelio, un nuevo modo de vivir.

Ese nuevo modo tiene que ver con ser religioso sin ser sacerdote?
Creamos San Egidio, una comunidad laica, en una vieja iglesia del Trastévere romano.

Ser laicos es una forma de mantener su independencia?
No se trata de una estrategia, es una realidad. Uno es laico porque vive como tal.

Y ha hecho voto de castidad? Porque sigue usted soltero.
Yo estoy soltero, pero en nuestra comunidad, que se extiende en 60 países e integra a 40.000 cooperantes, caben todas las condiciones, todas las lenguas y orígenes sociales.

Tardaron mucho, casi 20 años, en ser reconocidos por la Iglesia.
Quizá no supimos encontrar la forma de darnos a conocer. No es mucho tiempo.

Creo que no toda la curia romana está de su parte.
Mire, la unanimidad en el Vaticano sólo la tiene el Papa. Allí, como en cualquier otra parte, hay opiniones diversas. No creo que generemos odio, pero, ya sabe, dentro de la Iglesia estaban los franciscanos y los benedictinos, y unos despertaban más simpatías que otros.

Las suyas están con los franciscanos?
Le tengo mucha admiración a Francisco de Asís porque dialogó con los musulmanes cuando todos estaban en las Cruzadas.

Como usted.
Yo no quiero compararme; éstos son otros tiempos. Pero, en fin, hemos creado un documento en el que reconocemos a los inmigrantes como interlocutores. No es un papel oficial, pero por lo menos ha facilitado la legalización de muchos.

Se dice de ustedes que son la diplomacia secreta del Papa.
Sí, ya sé. Cuando el Vaticano no puede intervenir directamente en un conflicto, el Papa nos llama por teléfono y... Siento decepcionarla.

No es así?
En absoluto, el Vaticano jamás nos lo ha pedido. Todas las veces que hemos actuado como mediadores en los conflictos, ya sea en Mozambique, Argelia, Kosovo o Guatemala, lo hemos hecho como elección propia. Eso no quiere decir que si el Papa nos lo pidiera, podríamos hacerlo. Pero, de momento, eso no ha ocurrido.

Cuál ha sido el gran triunfo de San Egidio? Mozambique, quizá?
Posiblemente detuvimos una guerra que provocó un millón de muertos. Y recibimos mucha gratitud por ello.

Reconfortante.
No lo sabe bien. Recientemente, en una pequeña isla de Mozambique, un taxista me preguntó que de dónde era. Al decirle que italiano, saltó en seguida: "En Italia tienen una ciudad muy importante, San Egidio. Allí firmamos la paz".

Dice usted que el XX ha sido el siglo de los mártires.
Ha sido el siglo de la democracia y los derechos humanos, pero, paradójicamente, también el siglo de la violencia organizada.

Malos tiempos, entonces.
Juan XXIII decía: "Los tiempos son malos, pero somos nosotros, los hombres, los que acuñamos el tiempo"

Elena Hevia