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Benedicto XVI urgió ayer a las grandes religiones mundiales a «trabajar por la paz y promover la reconciliación entre los pueblos», de modo que «jamás se pueda utilizar el nombre de Dios para justificar el mal y la violencia». Como el encuentro con los líderes religiosos se celebraba en Nápoles, el Papa abordó frontalmente los asesinatos de la camorra, contra la que no se lucha con suficiente energía, hasta el punto de que «por desgracia, se está consolidando una mentalidad difusa de violencia en el tejido social, que atrae especialmente a la juventud en los ambientes donde predomina la ilegalidad y la economía sumergida».
Benedicto XVI saludó con especial afecto a los no cristianos, como el rabino jefe askenazi de Israel Yona Metzger y los representantes de líderes budistas, sintoístas y de otras religiones, en el encuentro organizado por la Comunidad de San Egidio. A pesar de que 130 intelectuales musulmanes firmaron hace dos semanas un llamamiento a favor de mayores contactos con la Iglesia católica, tan sólo Irán y los Emiratos Árabes Unidos enviaron a representantes de alto nivel a la cita con el Papa.
Resultó en cambio notoria la presencia de los principales líderes cristianos, como el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartholomaios I, el jefe de la Iglesia Anglicana, Rowan Williams, el dinámico arzobispo Chrysostomos II de Chipre, los líderes de muchas Iglesias ortodoxas y el secretario del Consejo Mundial de las Iglesias.
El Santo Padre recordó el histórico primer encuentro de 1986 en Asís, «cuando mi venerado predecesor Juan Pablo II invitó a los representantes de las religiones a rezar por la paz», así como el segundo, celebrado en 2002.
Juan Vicente Boo
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