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07/12/2016
Memoria de los santos y de los profetas

La oración cada día


 
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16 Noviembre 2008 16:30 | University of Cyprus – Sport Centre

Intervención del Cardenal Stanislao Dziwisz



Stanislaw Dziwisz


Cardenal, Arzobispo de Cracovia, Polonia

Su Beatitud Crisostomos, Arzobispo de la Iglesia de Chipre
Profesor Andrea Riccardi, Fundador de la Comunidad de Sant’Egidio,
Ilustres representantes de las Iglesias cristianas y de las grandes religiones mundiales,
Autoridades,
Señoras y Señores,

Estoy muy contento de tomar brevemente la Palabra en esta solemne ceremonia de inauguración del Congreso Internacional “La civilización de la Paz: religiones y culturas en diálogo”, promovido por la Iglesia de Chipre y la Comunidad de Sant’Egidio.

Gracias a la valentía y a la tenacidad de los amigos de Sant’Egidio, el ‘espíritu de Asís’ ha soplado en muchos lugares atravesando numerosas fronteras: ciudades de Italia, de Europa y del mundo se han abierto al encuentro y al diálogo entre mundos diferentes. El camino recorrido en estos años brilla en esta asamblea. En un mundo marcado por la violencia y el conflicto han elegido debatir sobre el tema de la paz.

Juan Pablo II, a cuyo lado tuve el honor y la alegría de estar durante largos años, estaba convencido de que la dimensión religiosa, relegada a la periferia de la cultura y de la sociedad occidentales, debería asumir nuevamente un papel importante. Lo pensaba en los años atravesados por grandes tensiones entre los dos bloques y marcados por la amenaza de una guerra nuclear. Un día de 1986 el Papa me confió: “Una oración por la Paz de todas las religiones, ¡eso es lo que se necesita! Un gran grito a Dios por la Paz”. De aquí la elección de Asís, ciudad de San Francisco, como lugar ideal para la concorde invocación a Dios por parte de los creyentes de las diferentes religiones.

Asís no debía permanecer como un acontecimiento aislado. El día después de aquel memorable 27 de octubre de 1986, el Papa invitó a no dejar caer la profecía de Asís y dijo: “Sigamos difundiendo el mensaje de Paz. Sigamos viviendo el Espíritu de Asís” . De esta manera Juan Pablo II acogió con satisfacción y apoyó la iniciativa de la Comunidad de Sant’Egidio de convocar cada año un encuentro de oración por la Paz en el ‘espíritu de Asís’. Nunca dejó que faltara su apoyo, enviando representantes de la Santa Sede y mensajes personales suyos a los organizadores y a los participantes de tales encuentros. En uno de ellos se lee: “Agradezco a la Comunidad de Sant’Egidio la valentía y la audacia con que ha retomado el ‘espíritu de Asís’ que, año tras año, ha hecho sentir su fuerza en diferentes ciudades del mundo. Gracias a Dios, no son pocos los casos en que el ‘espíritu de Asís’, favoreciendo el diálogo y la mutua comprensión, ha dado frutos concretos de reconciliación”.

Juan Pablo II sigue caminando con nosotros en el espíritu de Asís. Por esto, queridos amigos, quisiera hacerles una invitación: ¡Vengan a Cracovia el año que viene! Háganlo en nombre de Juan Pablo II. ¡Es su ciudad que tanto amó!

Pero hay también otros motivos importantes por los que les dirijo esta invitación. El año 2009 es el 70 aniversario del comienzo de la segunda guerra mundial. El 1 de septiembre de aquel año la guerra comenzó con la invasión de Polonia. A 70 años desde aquel trágico e inhumano acontencimiento en el que hombres armados entraron en nuestra tierra, vengan a Polonia como peregrinos de paz. En Polonia la memoria de la segunda guerra mundial está todavía viva y visible. Hay un lugar que representa más que ningún otro el horror de la guerra, del racismo y del mal: Auschwitz. Por esto les propongo que nuestra peregrinación el próximo año tenga una etapa en aquel lugar. ¡No podemos olvidar! ¡Tenemos el deber de recordar y hacer memoria!

Pero hay otro aniversario que recordar: 1989. Fue un año decisivo para Polonia y para toda Europa Oriental: año de la libertad para muchas naciones europeas y fuente de esperanza para un mundo más justo y más humano. ¡Sean por lo tanto bienvenidos a Cracovia! Como arzobispo  de esta espléndida ciudad en el corazón de Europa, atravesada por la memoria del Siervo de Dios Juan Pablo II y rica de una larga y dolorosa historia, les aseguro la más cálida acogida. ¡Hasta el año que viene!

 

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