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Roma, jueves 13 de Octubre, las cinco de la tarde: no es noticia que la plaza de la estación metropolitana de Anagnina esté lleno de centenares de personas.
La noticia es que, ayer por la tarde, esta multitud se había reunido en oración para recordar que precisamente allí, hace un año, una joven enfermera rumana, Maricica Hahaianu, había sido asesinada, víctima de un gesto violento e injustificado.
Invitados por la Comunidad de Sant’Egidio, han vuelto centenares, un año después, para reunirse, para recordar y decir no a la violencia que demasiado a menudo, sobre todo en los últimos meses, parece haber tomado la ciudad.
Está el obispo del sector, Mons. Andrea Marciante, algunos párrocos de la zona, entre los cuales don Matteo Zuppi y don Gino Biolchini. Están los Jóvenes por la Paz, con su banda “Sounds for Peace”, que con la música habla de paz a una generación que a menudo sufre la fascinación de una actitud violenta.
Han venido los familiares de Maricica y a su alrededor se reúnen muchos romanos, italianos e inmigrantes, que custodian el deseo y la oración que el triste suceso de Maricica no se repita más. Son muchos: son la semilla de la paz que puede rescatar a la ciudad de una derivación hacia la violencia.
En un rincón de la plaza. Destaca el obispo, “El olivo que hemos plantado el año pasado ha crecido, para dar frutos de paz”.
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