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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 102 (103), 1-4.8-12

1 Bendice, alma mía, al Señor,
  el fondo de mi ser, a su santo nombre.

2 Bendice, alma mía, al Señor,
  nunca olvides sus beneficios.

3 Él, que tus culpas perdona,
  que cura todas tus dolencias,

4 rescata tu vida de la fosa,
  te corona de amor y ternura.

8 El Señor es clemente y compasivo,
  lento a la cólera y lleno de amor;

9 no se querella eternamente,
  ni para siempre guarda rencor;

10 no nos trata según nuestros pecados,
  ni nos paga según nuestras culpas.

11 Como se alzan sobre la tierra los cielos,
  igual de grande es su amor con sus fieles;

12 como dista el oriente del ocaso,
  así aleja de nosotros nuestros crímenes.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

A lo largo del año la liturgia nos hace cantar varias veces el Salmo 102. En esta ocasión reproducimos los primeros versículos y otros más que forman parte también de la primera parte del salmo. Ya hemos visto que la liturgia judía introdujo este salmo en la liturgia de la fiesta del Kippur, la solemnidad de la Expiación, porque lo consideran penitencial. En realidad, el salmista, que vivió la experiencia del perdón, invita a todos a participar en su acción de gracias. Lo que Dios le ha hecho a él, se lo ha hecho a todos. El amor del Señor por nosotros es realmente grande. Él, canta el salmista, «tus culpas perdona, cura todas tus dolencias, rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y ternura» (vv. 3-4). San Agustín lo comenta con estas palabras: «El pecado es una enfermedad. Pero Dios cura todas las enfermedades. ¿Son demasiado grandes, dices? Recuerda que el médico es mayor que ellas. Para un médico todopoderoso no hay enfermedad incurable. Deja que te cure y no rechaces su mano: él sabe lo que debe hacer... Deja que corte la carne viva, soporta el dolor medicinal pensando en la salud que te reportará... Muchos aceptan confiar en las manos humanas de sus cirujanos soportando un dolor seguro y pagando honorarios por una curación insegura. ¿Dudarás tú cuando Dios, que ha creado tu cuerpo y tu alma, que te conoce y te promete que te curará, quiera ofrecerte curas gratuitas y de éxito seguro? Así pues, soporta la mano de tu médico divino». Estas palabras nos ayudan a leer de manera más profunda la acción del Señor en nuestra vida. Él, mientras borra el pecado, nos cura de la enfermedad que hace que nos inclinemos y caigamos nuevamente en la culpa. Con cinco palabras el salmista presenta las líneas de la acción sanadora de Dios: él perdona, cura, salva de la fosa, corona de gracia y de misericordia, satura de bienes a quien goza de edad avanzada y renuevan la juventud. Y por eso canta el amor de Dios: «El Señor es clemente y compasivo, lento a la cólera y lleno de amor» (v. 8). ¡Qué diferencia, entre el Señor y nosotros! Y con otra reflexión el salmista esboza la increíble paciencia que el Señor tiene con nosotros, sus hijos: «No se querella eternamente, ni para siempre guarda rencor» (v. 9). Es hermosa esta imagen del Señor: su amor está lleno de misericordia, de ternura, de sabiduría y de altura de miras. Vienen a la memoria las palabras del apóstol Pablo cuando canta el amor de Dios en la Primera Carta a los Corintios: «La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acabará nunca» (13,4-8). El salmista tiene como un entusiasmo por la grandeza del amor de Dios: «Como se alzan sobre la tierra los cielos, igual de grande es su amor con sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros crímenes» (vv. 11-12). Realmente el mundo necesita este amor para salvarse de la deriva dramática en la que parece precipitarse. Al mismo tiempo que globaliza su amor, el Señor globaliza también su perdón. El Señor confía este mensaje suyo para la salvación de todo el mundo.


17/06/2017
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