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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes son una estirpe elegida,
un sacerdocio real, nación santa,
pueblo adquirido por Dios
para proclamar sus maravillas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Proverbios 16,1-15

Al hombre, los planes del corazón;
pero de Yahveh, la respuesta. Al hombre le parecen puros todos sus caminos,
pero Yahveh pondera los espíritus. Encomienda tus obras a Yahveh
y tus proyectos se llevarán a cabo. Todas las obras de Yahveh tienen su propio fin,
hasta el malvado, para el día del mal Yahveh abomina al de corazón altivo,
de cierto no quedará impune. Con amor y lealtad se expía la falta;
con el temor de Yahveh se evita el mal. Cuando Yahveh se complace en la conducta de un hombre.
hasta a sus enemigos los reconcilia con él. Más vale poco, con justicia,
que mucha renta sin equidad. El corazón del hombre medita su camino,
pero es Yahveh quien asegura sus pasos Oráculo en los labios del rey:
en el juicio no comete falta su boca. De Yahveh son la balanza y los platillos justos,
todas las pesas del saco son obra suya. Los reyes aborrecen las malas acciones,
pues su trono en la justicia se afianza. El favor del rey para los labios justos;
y ama al que habla rectamente. El furor del rey es mensajero de muerte;
pero el hombre sabio lo apacigua. Si el rostro del rey se ilumina, hay vida;
su favor es como nube de lluvia tardía.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes serán santos
porque yo soy santo, dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

De forma especial respecto al común proceder del libro que hasta ahora hemos comentado, en el capítulo dieciséis el Señor entra en escena como protagonista absoluto. Si "El temor de Dios es escuela de sabiduría", como acababa el capítulo anterior, ahora Dios mismo se presenta como el origen de la sabiduría, como quien domina el universo y conduce la vida del hombre. Parece casi que el autor del libro, precisamente a la mitad de su obra, conjunto de proverbios y reflexiones de diferente origen, quisiera afirmar de forma más explícita que todo depende del Señor y que Él es el principio de la sabiduría. Por esto, para el hombre el temor de Dios es el inicio absoluto de todo tipo de sabiduría y conocimiento, porque todo viene de Él. Esto no quita valor a cuanto se ha dicho hasta ahora y mucho menos al compromiso humano por adquirir la ciencia y el conocimiento. El inicio del capítulo expresa bien este contraste: "El hombre tiene proyectos, el Señor, la última palabra. El hombre piensa que su conducta es limpia, pero el Señor juzga las intenciones". Es decir, el hombre puede proyectar, a él todo lo que realiza le parece bien hecho, pero la realización y el juicio competen al Señor. Sin Él nada llega a cumplimiento. "El hombre proyecta su camino, pero el Señor asegura sus pasos" (v. 9). Por esto el hombre debe confiar al Señor sus obras, para que lleguen a buen fin, porque es el Señor quien "ha creado todo con un propósito". Comprendemos así la referencia a la soberbia. El corazón soberbio piensa que todo depende de él, actúa como si Dios no existiera, se siente dueño de sí mismo y del universo, de la vida y de la muerte. Se trata de una advertencia dirigida a cada uno de nosotros y al hombre contemporáneo, que a veces se avala por los justos descubrimientos científicos para afirmar su poder sobre toda cosa, para decidir sobre la vida y la muerte. Pensemos por ejemplo en todo el campo de la bioética, donde estamos llamados a conjugar la ciencia y el respeto de la vida en sus diferentes fases, desde la concepción hasta la muerte. No es casualidad que a los primeros versículos le siga una parte dedicada al rey. En efecto, el rey era el señor absoluto, a quien se confiaba el gobierno y la administración de la justicia. Era el rey quien podía decidir sobre la vida y la muerte de sus súbditos. Por una parte asistimos al elogio del rey, que representa al Señor sobre la tierra, pero su juicio y gobierno no son absolutos. También él está sometido a la justicia divina: "Balanza y platillos justos son del Señor, todas las pesas son obra suya". Balanzas, platillos, pesas, indican todo lo que conduce a establecer la justicia. El rey no tiene un poder absoluto, porque incluso su obra está sometida al juicio divino.


08/02/2012
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