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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de Moisés. Tras ser llamado por el Señor, liberó de la esclavitud de Egipto al pueblo de Israel y lo guió hacia la "tierra prometida".


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Judas 1,17-19

En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían: «Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías.» Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El apóstol, tras haber descrito largamente y haber condenado la obra de los falsos maestros, no quiere que los creyentes se sorprendan demasiado por lo que pasa. Se podría decir que estaban escandalizados pero no maravillados. El apóstol, en definitiva, parece sugerir que la salvación no está ni siquiera en la pureza de la comunidad (o de la Iglesia), en ser sus miembros sin mancha alguna. La salvación está solo en Jesús. Podemos mantenernos indiferentes frente al mal que se insinúa en la comunidad cristiana. Pero debemos, más bien, tomar conciencia del mal, confiar en el Señor y hacer todo lo posible para derrotarlo y alejarlo de la vida de los hermanos. Pero que en la comunidad podrían haber problemas lo dijeron los mismos apóstoles a las primeras comunidades: "Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías" (v. 18). Como mucho, esta advertencia apostólica llevaría a decir que han llegado los últimos días, es decir, los días en los que el príncipe del mal lanza su último ataque. Y creo que así es como hay que interpretar este pasaje. Estamos en los últimos tiempos en el sentido que el príncipe del mal ya no tiene mucho tiempo por delante y debe lanzar su reto definitivo. En las palabras del apóstol encontramos un fuerte llamamiento a tomar conciencia de la urgencia de esta lucha: tampoco nosotros podemos dejarlo para más adelante, ya no nos queda tiempo para aplazamientos; cualquier pereza, cualquier resignación, cualquier titubeo corre el peligro de convertirse en complicidad. Estamos realmente en los últimos días. El mal -y lo vemos también con nuestros ojos- se abate con una fuerza extraordinaria sobre la comunidad de los hermanos y sobre el mundo. Por eso tenemos que orar siempre para que el Señor proteja a nuestra comunidad y a la Iglesia del mal. El apóstol se para a considerar en particular el mal de la división. A menudo en el Nuevo Testamento se previene a los cristianos de este peligro. El apóstol Pablo recuerda a los corintios, a los gálatas y a Timoteo que presten atención a este peligro porque menoscaba los cimientos del mensaje evangélico. No podemos dejar de pensar en las divisiones que separan hoy a los cristianos entre ellos y en el escándalo que provocan. Y no solo eso. Esas divisiones son en la práctica cómplices de la tendencia de los pueblos a dividirse y a luchar. Hace falta tomar conciencia de todo eso y pedir ayuda al Señor para emprender con mayor audacia el camino contrario.


04/09/2012
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