Riccardi Andrea: en la web

Riccardi Andrea: en las redes sociales

change language
usted está en: home - oración - la oraci...ada día cómo contactarnosnewsletterlink

Sostiene la Comunidad

  

La oración cada día


 
versión para imprimir

Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Martes santo
Recuerdo de los mártires misioneros


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Ustedes son una estirpe elegida,
un sacerdocio real, nación santa,
pueblo adquirido por Dios
para proclamar sus maravillas.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Juan 13,21-33.36-38

Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo
que uno de vosotros me entregará.» Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.» El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?» Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.» Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre
y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él,
Dios también le glorificará en sí mismo
y le glorificará pronto.» «Hijos míos,
ya poco tiempo voy a estar con vosotros.
Vosotros me buscaréis,
y, lo mismo que les dije a los judíos,
que adonde yo voy,
vosotros no podéis venir,
os digo también ahora a vosotros. Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde.» Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.» Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.»

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Ustedes serán santos
porque yo soy santo, dice el Señor.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Jesús sabe bien que su «hora» se está acercando, y que la muerte no está muy lejos. Su corazón está desbordado de sentimientos y también de contradicciones: no quiere morir pero tampoco quiere huir. En todo caso ha llegado la hora de su «partida» de este mundo al Padre, y no parece claro que los discípulos vayan a continuar estando juntos. Judas está a punto de traicionarle, a pesar de que el maestro se haya inclinado para lavarle los pies, y con extrema tristeza se lo dice a los doce: «Uno de vosotros me entregará». El desconcierto se apodera de todos. El traidor está entre los más próximos. Es como decir que lo que importa cuando se sigue a Jesús no es la proximidad física sino la del corazón, que es el abandonarse a él, seguirlo acogiendo en lo más profundo sus enseñanzas. Se puede estar junto a Jesús, podemos incluso seguir las prácticas de la devoción, continuar con nuestros ritos y nuestras costumbres religiosas, pero sin la adhesión del corazón a la palabra del Señor, sin la práctica concreta del amor por los más pobres, sin la comunión concreta con los hermanos, el corazón se aleja, la mente se obnubila y ya no se comprende el sueño de amor del Señor. Se convierte en algo casi natural caer en la traición. Es en el corazón donde se libra la batalla entre el bien y el mal, entre el amor y la desconfianza. En estos días Jesús nos pide nuestro corazón. Intenta hacer entender a los discípulos lo que va a sucederle, pero ellos, empezando por Pedro, no lo entienden porque no le escuchan con atención. No se dejan tocar el corazón, y de un corazón que no escucha nace la traición. Si se dejan a un lado las palabras del Evangelio prevalecen nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, y se es capaz hasta de malvender a Jesús. Todos debemos vigilar. Como Pedro y los discípulos, que se quedaron con él aquella tarde y le profesaron fidelidad hasta la muerte: bastaron pocos días para que le traicionaran también ellos. No debemos confiar en nosotros mismos, sino confiarnos cada día al amor y la protección del Señor.


26/03/2013
Martes santo


Agenda de la semana
MAR
19
Domingo 19 de marzo
Liturgia del domingo
MAR
20
Lunes 20 de marzo
Oración por la Paz
MAR
21
Martes 21 de marzo
Memoria de la Madre del Señor
MAR
22
Miércoles 22 de marzo
Memoria de los santos y de los profetas
MAR
23
Jueves 23 de marzo
Memoria de la Iglesia
MAR
24
Viernes 24 de marzo
Memoria de Jesús crucificado
MAR
25
Sábado 25 de marzo
Vigilia del domingo
MAR
26
Domingo 26 de marzo
Liturgia del domingo