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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Filipenses 1,1-11

Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos, con los epíscopos y diáconos. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que yo sienta así de todos vosotros, pues os llevo en mi corazón, partícipes como sois todos de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del Evangelio. Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el corazón de Cristo Jesús. Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, con que podáis aquilatar los mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Pablo había fundado la comunidad de Filipos ya en su segundo viaje, en el año 50 (Hch 16,12-40). Ahora le escribe a esta, mientras él está en la cárcel, quizá en Éfeso (o bien en Roma, al final de su vida). El apóstol sorprende con el comienzo de esta carta: no expone sus dificultades, sino que da gracias al Señor y se alegra recordando el compromiso generoso de la comunidad cristiana de Filipos para comunicar el Evangelio. Sus palabras están llenas de afecto por aquellos discípulos de los inicios. En efecto, el Evangelio crea vínculos de amor tan fuertes que ni siquiera las dificultades consiguen atenuar y mucho menos eliminar. Al contrario, precisamente desde la cárcel el Apóstol da testimonio de que la comunión entre los discípulos de Jesús es una fuerza y una gracia que les hace estar firmes en el único amor. Sus palabras hacen descubrir que la oración está en el origen de una comunión tan profunda. El apóstol afirma dos veces que reza por los cristianos de Filipos. En la oración los cristianos se sienten unidos entre sí, con los hermanos que están cerca y con los que están lejos, reforzando de este modo el amor que Dios ha donado mediante el Evangelio de Jesucristo.


30/04/2013
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