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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de Marta. Acogió al Señor Jesús en su casa.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jeremías 10,17-25

Recoge del suelo tu mercancía,
oh tú, que estás sitiada: porque así dice Yahveh:
He aquí que yo voy a hondear
a los moradores del país
- ¡esta vez va de veras! -
y les apremiaré
de modo que den conmigo. - "¡Ay de mí, por mi quebranto!
¡me duele la herida!
Y yo que decía:
"Ese es un sufrimiento,
pero me lo aguantaré"... Mi tienda ha sido saqueada,
y todos mis tensores arrancados.
Mis hijos me han sido quitados y no existen.
No hay quien despliegue ya mi tienda
ni quien ice mis toldos." - Es que han sido torpes los pastores
y no han buscado a Yahveh;
así no obraron cuerdamente,
y toda su grey fue dispersada. ¡Se oye un rumor! ¡ya llega!:
un gran estrépito del país del norte,
para trocar las ciudades de Judá
en desolación, guarida de chacales. Yo sé, Yahveh,
que no depende del hombre su camino,
que no es del que anda
enderezar su paso. Corrígeme, Yahveh, pero con tino,
no con tu ira, no sea que me quede en poco. Vierte tu cólera sobre las naciones
que te desconocen,
y sobre los linajes
que no invocan tu Nombre.
Porque han devorado a Jacob hasta consumirle,
lo han devorado y su mansión han desolado.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

«¡Ay de mí, qué quebranto!, ¡cómo me duele la herida! Y yo que decía: “Solo es un sufrimiento, y me lo aguantaré”». En estas palabras de los habitantes de una ciudad destruida oímos resonar el dolor y la amargura de entonces y de los muchos pueblos del mundo que hoy se ven aplastados por la guerra. ¿Podrán aguantar su dolor? ¿Se podrá curar su herida? Cada vez que abrimos la Biblia no podemos evitar hacernos esta pregunta porque la Palabra de Dios nos ayuda a asomarnos a los sufrimientos de los hombres. A veces hay realmente pocos pastores, poca gente que se ocupe de ese dolor: «Es que han sido torpes los pastores y no han buscado al Señor; así no obraron cuerdamente, y toda su grey fue dispersada». Faltan buenos samaritanos que sepan inclinarse sobre las heridas de quien sufre. A eso se añade la desorientación y la incertidumbre de este tiempo de crisis. Muchos tienen la sensación de que «no depende de ellos su camino». Otros «no deciden la rectitud de sus pasos». El mundo se ha endurecido para muchos, sobre todo para los pobres, que a menudo quedan abandonados a su suerte, como «ovejas que no tienen pastor». ¿Quién se ocupará de ellos? Nos dirigimos al Señor para que ayude: «Corrígeme, Señor, pero con tino, no con tu ira, no sea que me quede en poco». La reacción del hombre de fe no consiste en lamentarse o culpar a otros, sino ante todo invocar la ayuda del Señor y ofrecer su disponibilidad para hacer un mundo más justo. La palabra del Señor ante todo «corrige» nuestra pereza y nuestra resignación. La palabra nos dice que las cosas pueden cambiar si empezamos por nosotros mismos. Todos somos llamados a ser mejores, a cambiarnos a nosotros mismos para poder transformar el mundo.


29/07/2013
Memoria de los pobres


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