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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Primero de los Macabeos 2,39-48

Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar. Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.» Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.» Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley. Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo. Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación. Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares, obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos: arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Tras el martirio de los judíos que no quisieron luchar el sábado, Matatías decidió organizar una acción de resistencia propiamente dicha. Pero, en lugar de la práctica no violenta, como habían hecho aquellos judíos que se habían dejado asesinar para no transgredir el precepto del reposo sabático, Matatías decidió organizar una defensa activa aunque eso comportara romper la observancia del sábado. Él y los suyos dijeron: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas» (v. 41). Se unieron a ellos un grupo de asideos –del término hebreo jasîdîm–, es decir, hombres «piadosos», estrictos observantes de la Ley, como se indica en el texto: «Entregados de corazón a la Ley» (v. 42) en su integridad. Se les podría calificar como el grupo que con mayor firmeza observa y defiende la Ley. Algunos afirman que de ellos surgió el grupo de los fariseos y el de los esenios. Se unieron a ellos también otros y se formó un numeroso grupo armado para hacer frente a la decisión del rey Antíoco. El grupo de Matatías –que ya estaba suficientemente organizado– empezó con acciones de guerrilla contra los judíos que habían traicionado la alianza con Dios o destruyendo los altares paganos que se habían erigido en las ciudades y pueblos por orden del rey. Por otra parte, empezaron a circuncidar a todos aquellos niños que no habían sido circuncidados en obediencia al rey, que lo había prohibido. El autor termina el pasaje anticipando los éxitos que se obtendrán, aunque solo tras largas luchas emprendidas por los macabeos. Pero la victoria final solo llegará porque Matatías agradece la actitud de aquellos que se habían mantenido fieles al Señor. Estos, indica el autor, «persiguieron a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos: arrancaron la Ley de manos de paganos y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera» (vv. 47-48). La Ley es presentada como un objeto precioso que, tras ser robado por paganos como desprecio ante los creyentes, es finalmente recuperado. Solo recuperando la Ley se puede combatir y derrotar el pecado. Ese es el significado que transmite esta página: luchar para conquistar la Ley es algo indispensable y esta lucha empieza en el corazón de los discípulos. En los corazones es donde hay que librar la batalla para seguir al Señor y no al maligno, para quedar libres de las cadenas de la esclavitud y vivir libres para amar.


10/10/2013
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