Riccardi Andrea: en la web

Riccardi Andrea: en las redes sociales

change language
usted está en: home - oración - la oraci...ada día cómo contactarnosnewsletterlink

Ayuda a la Comunidad

  

La oración cada día


 
versión para imprimir

Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de Laurindo y de Madora, jóvenes mozambiqueños que murieron a causa de la guerra; con ellos recordamos a todos los jóvenes que han muerto a causa de los conflictos y la violencia de los hombres.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra
a los hombres de buena voluntad.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 2,36-40

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Después de hacernos contemplar el extraordinario encuentro entre Simeón y el niño Jesús, el Evangelio de Lucas nos presenta otro encuentro, con la anciana profetisa Ana. Es una mujer de 84 años. Gasta lo que le resta de vida dentro del templo. Se podría decir que para ella no hay nada más que hacer que continuar sus días de la misma forma hasta que le llegue la muerte. En realidad, el encuentro con aquel Niño le cambia la existencia. Si Simeón cantó el Nunc dimittis, Ana, por el contrario, recibe como una nueva energía, una nueva vocación, una nueva misión. Sus años dejaron de ser un peso, su vejez ya no era un naufragio: se convierte en la primera predicadora del Evangelio. Verdaderamente no hay nada imposible para Dios. Ana es un ejemplo para todos: la vida cambia si encontramos de verdad a Jesús. No cuentan los años, no cuenta lo que se ha hecho hasta ese momento, sólo cuenta dejarse tocar el corazón por el Señor. Lo ocurrido a Ana nos debe hacer pensar. Nuestras comunidades que, con frecuencia, homologándose a la mentalidad corriente, apartan a los ancianos, son interpeladas por esta página evangélica para que ayuden a estos hermanos y hermanas de edad avanzada a descubrir la tarea que el Señor les confía, aunque sólo sea con la oración y la palabra. Esta mujer “alababa a Dios”, es decir, rezaba, y “hablaba del niño”, esto es, comunicaba el Evangelio. El evangelista concluye con una frase que describe el regreso de María, José y Jesús a Nazaret. Y en tres líneas que valen treinta años, sintetiza la larga “vida oculta” de Jesús. Nosotros, enfermos de protagonismo, nos preguntaríamos por qué Jesús no empezó inmediatamente su acción pastoral con signos y prodigios. Es lo que antiguamente trataron de decir los evangelios “apócrifos”, es decir, esas descripciones de la infancia de Jesús que llenan de milagros sus primeros años. La Iglesia nunca los ha considerado verdaderos. La verdad es otra. Jesús asumió la “semejanza humana”, canta el himno de Pablo a los Filipenses, para que se viera que la salvación no es ajena a la vida de todos los días. En Nazaret no hay milagros, no hay visiones ni multitudes que se agolpan. Esta breve frase del Evangelio es como la síntesis de treinta años de vida ordinaria, de Jesús y nuestra. Sí, también nosotros, en la cotidianeidad de nuestros días, debemos “crecer y fortalecernos, llenándonos de sabiduría”, bajo la gracia de Dios, como le sucedió a Jesús. Y creceremos en la medida en que cada día deshojemos página a página el Evangelio, tratando de ponerlo en práctica.


30/12/2013
Oración del tiempo de Navidad


Agenda de la semana
JUN
25
Domingo 25 de junio
Liturgia del domingo
JUN
26
Lunes 26 de junio
Memoria de los pobres
JUN
27
Martes 27 de junio
Memoria de la Madre del Señor
JUN
28
Miércoles 28 de junio
Memoria de los santos y de los profetas
JUN
29
Jueves 29 de junio
Memoria de los apóstoles
JUN
30
Viernes 30 de junio
Memoria de Jesús crucificado
JUL
1
Sábado 1 de julio
Vigilia del domingo
JUL
2
Domingo 2 de julio
Liturgia del domingo