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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de los apóstoles Simón el Cananeo, llamado el zelota, y Judas Tadeo.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si morimos con él, viviremos con él,
si perseveramos con él, con él reinaremos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 6,12-16

Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si morimos con él, viviremos con él,
si perseveramos con él, con él reinaremos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hoy la Iglesia recuerda a los apóstoles Simón y Judas. Simón, llamado el "zelota" tal vez porque pertenecía al grupo antirromano de los zelotas que recurrían también a la violencia. Según la tradición predicó el Evangelio en Samaría, en Mesopotamia y murió en Persia. Judas, llamado también Tadeo, que significa "magnánimo", es el apóstol que en la última cena pidió a Jesús que se manifestara únicamente a los discípulos y no al mundo. Su nombre aparece en último lugar en las listas de los apóstoles. La tradición lo indica como autor de la carta homónima dirigida a los conversos del judaísmo. No se sabe casi nada de su vida. Pero no por eso son menos importantes que los demás. En la Iglesia no importa la notoriedad, sino la comunión con el Señor y con los hermanos. A menudo, por desgracia, sucede en la comunidad lo que sucedía también entre los apóstoles, es decir, que se discute sobre quién es el primero. En la Iglesia la única primacía que hay que buscar es la del amor y, por tanto, del servicio generoso y gratuito. Jesús los llamó también a ellos por su nombre, como si quisiera subrayar que su amor es lo que da dignidad a los discípulos. Y del amor que Jesús muestra por nosotros nace también aquel amor que debe reinar entre los discípulos, aquel amor fraterno que es la razón por la que los demás creerán en el Señor. El nombre, en la mentalidad bíblica, no es solo un medio para llamarnos, es mucho más: significa la historia, el corazón, la vida de cada persona. Cuando el Señor nos llama se produce también un cambio de nombre, es decir una transformación del corazón y la entrega de una nueva vocación. Por ejemplo, Simón pasa a ser Pedro, es decir, roca, cimiento. Recibir el nombre significa ante todo ser amado por Dios, ser llamado cada uno por su nombre. Y también significa recibir de Dios un nuevo cometido. Conocer a los demás por su nombre es uno de los tesoros más preciosos de la vida. También desde un punto de vista simplemente humano. El Señor lo exalta aún más: conocernos y llamarnos por nuestro nombre es el signo de un amor que lleva el sello de Dios. Desde ese punto de vista se ve más claramente la familiaridad que debe caracterizar la vida de los discípulos y extenderse a todos, empezando por los pobres. Así pues, no es poco impactante acostumbrarse a llamar también a los pobres por su nombre. Es difícil que eso suceda. Pero existe un vínculo entre el nombre de los discípulos y el de los pobres. Es el don de ser todos hijos amados por Dios, cada uno con su nombre.


28/10/2015
Memoria de los apóstoles


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