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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Deuteronomio 30,15-20

Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Yahveh tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y multiplicarás; Yahveh tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar a postrarte ante otros dioses y a darles culto, yo os declaro hoy que pereceréis sin remedio y que no viviréis muchos días en el suelo que vas a tomar en posesión al pasar el Jordán. Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando Yahveh tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida, así como la prolongación de tus días mientras habites en la tierra que Yahveh juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Al comienzo de la Cuaresma se nos ha puesto delante una elección: la de convertirnos al Señor, abandonando el camino del mal y de la muerte para seguir el camino del bien y de la vida. El Deuteronomio indica la posibilidad de vivir en la paz: amar al Señor, caminar por sus sendas, observar sus mandamientos. Al final del pasaje se retoma la misma exhortación: "Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él". Ante todo el amor; todo parte de ahí. Amar al Señor significa escucharlo, acoger su palabra, y por tanto "seguir sus caminos", es decir, seguirlo, "vivir unido a él". Nadie debe creer poder ponerse por delante del Señor, como de hecho haríamos creyéndonos más sabios que el Evangelio. Los discípulos -precisamente por serlo- saben bien que deben estar siempre detrás para poder seguirlo y escucharlo. También en los Evangelios Jesús pide a los discípulos que le sigan. La oración, la escucha y la lectura de la Palabra de Dios nos ayudan en el seguimiento. A menudo en la vida querríamos todos ir delante, es decir, afirmarnos a nosotros mismos, mientras que los demás deberían seguirnos, darnos la razón, aprobar nuestras costumbres y ceder a nuestras razones. Ser discípulos y amar al Señor es una elección que debe renovarse cada día, sobre todo en el tiempo de Cuaresma, tiempo oportuno para la conversión, que ayuda a salir de nosotros mismos para volver la mirada hacia Él. Amando y siguiendo se aprende también a obedecer sus mandatos, su Palabra. El Deuteronomio señala que en el amor a Dios y en la obediencia a Él se esconde el camino de la vida y de la longevidad. Es un punto de vista que a veces la propia Biblia pone en discusión, sobre todo ante el sufrimiento y la muerte prematura del justo, como ocurre por ejemplo en el libro de Job o en el de la Sabiduría. A pesar de todo es indudable que la comunión con el Señor y la escucha de su palabra hacen hermosa y humana la vida, y constituyen una gran sabiduría para el mundo.


11/02/2016
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