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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de Nuestra Señora de Sheshan, santuario a las afueras de Shangai. Oración por los cristianos chinos.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Primera Pedro 1,10-16

Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas, que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros, procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que les seguirían. Les fue revelado que no administraban en beneficio propio sino en favor vuestro este mensaje que ahora os anuncian quienes os predican el Evangelio, en el Espíritu Santo enviado desde el cielo; mensaje que los ángeles ansían contemplar. Por lo tanto, ceñíos los lomos de vuestro espíritu, sed sobrios, poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia, más bien, así como el que os ha llamado es santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El apóstol, tras haber destacado la alegría que deben tener los discípulos para salvarse de la soledad y de la tristeza, les exhorta a estar atentos, sobrios y listos para partir. Hay que llevar a cabo un nuevo éxodo. El apóstol lo sugiere con la antigua exhortación que escuchó el pueblo de Israel cuando estaba a punto de salir de Egipto: "poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad". Se trata de un éxodo espiritual, es decir, un camino interior que lleva al creyente a identificarse con Jesús, a vivir según el Evangelio. La imagen del éxodo que Pedro utiliza reclama que los creyentes tengan una conducta de vida consecuente. Al igual que el antiguo pueblo de Israel, también el nuevo debe abandonar la mentalidad egoísta de este mundo y asumir los rasgos propios de los hijos de Dios. Pedro llama a la conversión, es decir, a no dejarse guiar por el amor a uno mismo sino por Dios, escuchando y obedeciendo su Palabra. De ese modo se llega a ser hijo de Dios y hay que comportarse como tal. En eso se basa Pedro para su segunda exhortación, que proviene directamente del inicio de la "Ley de santidad" que encontramos en el Levítico: "También vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como está escrito: seréis santos, porque santo soy yo". Los discípulos de Jesús, llamados a la libertad siguiendo la estela de la antigua exhortación bíblica, reciben la indicación de la meta de su peregrinación: el santuario que es la santidad. Es un cometido que parte directamente de Dios, de la ambición que tiene por sus hijos. El Señor, efectivamente, quiere que seamos santos como Él. Es una meta que parece imposible. Y es así si miramos nuestra pequeñez y nuestro pecado.


24/05/2016
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