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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 36 (37), 3-4.18-19.27-28.39-40

3 Confía en el Señor y obra el bien,
  vive en la tierra y cuida tu fidelidad,

4 disfruta pensando en el Señor
  y te dará lo que pida tu corazón.

18 Conoce el Señor la vida de los íntegros
  su heredad durará para siempre;

19 en tiempo de escasez no se avergonzarán,
  en días de penuria gozarán de hartura.

27 Apártate del mal y obra el bien,
  y siempre tendrás una morada;

28 porque el Señor ama la justicia
  y no abandona a sus amigos.
  Los criminales son exterminados,
  la descendencia del malvado cercenada.

39 La salvación del honrado viene del Señor,
  él es su refugio en tiempo de angustia.

40 El Señor lo ayuda y lo libera,
  él lo libra del malvado,
  lo salva porque se acoge a él.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El creyente del Salmo 36 es un hombre de avanzada edad que habla a los más jóvenes para que perseveren en la confianza y en la obediencia a Dios y no se dejen condicionar por la envida y por la prosperidad de los malvados. «Descansa en el Señor, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. Desiste de la ira, abandona el enojo, no te acalores, que será peor; pues los malvados serán extirpados, mas los que esperan en el Señor heredarán la tierra» (vv. 7-9). En las Escrituras encontramos muchas veces la pregunta de los creyentes: ¿por qué el justo sufre mientras que el impío prospera? El salmista, que cree en un Dios justo y que recompensa, afirma que vivir bajo la mirada de Dios es un bien más grande que todas las aflicciones que el creyente experimenta en la tierra y que comportarse siguiendo la ley del Señor siempre es preferible a una vida próspera pero marcada por el egoísmo y la violencia. Por eso le dice a su joven discípulo que no sienta envidia del malhechor, que no desee la vida que lleva, el éxito que busca ni la riqueza que acumula. Si lo envidia significa que piensa como él, que aprecia lo que el malvado aprecia, es decir, que cree que el sentido de la vida es acumular cosas y no amar al Señor y a los pobres. Así pues, exhorta al joven discípulo: «Confía en el Señor y obra el bien, vive en la tierra y cuida tu fidelidad» (v. 3). Lo que cuenta en la vida es confiar en el Señor. Y eso es algo de gran valor, sobre todo en este tiempo que ha convertido el dinero y el éxito en los nuevos ídolos a los que se sacrifica incluso la vida. Los creyentes estamos llamados a no dejarnos seducir por estos ídolos y a testimoniar con más fuerza el amor por Dios y por los pobres. Los creyentes poseerán la tierra gastando su vida por los demás y no intentando acumular para ellos mismos. El salmista, oponiéndose a la mentalidad corriente que lleva a acumular para uno mismo, canta una afirmación que resonará en las Bienaventuranzas evangélicas: «Los humildes poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz» (v. 11). Es la alternativa de una vida gastada para el Evangelio del amor y no para buscar nuestro propio éxito. Por desgracia no faltan los falsos profetas que predican un evangelio mundano, es decir, buscar la prosperidad o el éxito, lo contrario de la sabiduría evangélica que encuentra su alegría practicando el amor por los demás. Nos lo recuerda de manera sintética aquella hermosa afirmación de Jesús que refiere el apóstol Pablo: «Mayor felicidad hay en dar que en recibir» (Hch 20,35). Lo lógica del amor gratuito –porque eso es lo que significa «dar»– es lo que salva a los creyentes y al mundo. Y por eso el salmista insiste: «Disfruta pensando en el Señor y te dará lo que pida tu corazón» (v. 4). Sí, lo único que debemos hacer es ser fieles al Señor y ponerle a él y a su amor por delante de todo en nuestra vida. Él es nuestra fuerza; nunca nos abandonará. Como dice el salmista: «Apártate del mal y obra el bien, y siempre tendrás una morada» (v. 27).


14/07/2017
Memoria de Jesús crucificado


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