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La oración cada día


 
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Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Éxodo 15,1-6

1 Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico al Señor:
  «Canto al Señor,
  esplendorosa es su gloria,
  caballo y jinete
  arrojó en el mar.

2 Mi fortaleza y mi canción es el Señor.
  Él es mi salvación.
  Él es mi Dios: yo lo alabaré,
  el Dios de mi padre, yo lo exaltaré.

3 ¡El Señor es un guerrero,
  Yahvé es su nombre!

4 Los carros del faraón y sus soldados
  precipitó en el mar
  La flor de sus guerreros
  tragó el mar de Suf;

5 los abismos los cubrieron,
  descendieron hasta el fondo como piedra.

6 Tu diestra, Señor,
  impresionante por su esplendor;
  tu diestra, Señor,
  aplasta al enemigo».

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El canto de Moisés celebra la liberación de Israel de la esclavitud. Lo que sucede con el paso del mar es mucho más que simplemente cruzar, llevar a Israel de la esclavitud egipcia a la libertad. Al pasar el mar se cumple lo que celebra y canta la Pascua: el paso de la muerte a la vida. Israel estaba amenazado por un poder de muerte (cfr. Ex 2), que asumió su expresión simbólica más evidente en Ex 14, en la descripción del ejército del faraón y en el acercamiento al mar. El paso tiene lugar durante la noche. Y la noche son las tinieblas cósmicas, derrotadas por la presencia de Dios en la columna de fuego y humo, que hace que Israel camine hacia la luz de la mañana. Pero hay que cantar la salvación, no basta haberla vivido. Si no reconocemos que lo que ha pasado es obra de Dios y no nuestra, todo se frivoliza. Ese es el sentido de la oración y de la liturgia: reconocer lo que el Señor hace en nuestra vida. Y cuando cantamos y repetimos con alegría un rito hacemos posible que se cumpla de nuevo. El cántico replantea la fuerza del mal que quiere sumergir a aquel pequeño pueblo. Se habla de ejército, de «abismos». En el Primer testamento muchas veces se representa al Señor como un guerrero para indicar su fuerza que vence la potencia del mal. Por otra parte, san Pablo invita a los cristianos a tomar «las armas de Dios» (Efesios 6,13) para poder «resistir en el día funesto». Celebrar y cantar la fuerza que viene del Señor contiene ya una victoria, porque la oración y la alabanza son una manera de reconocer que Dios nunca abandona a sus discípulos a merced del mal, ni siquiera cuando este parece invencible. En este mundo donde las fuerzas del mal muchas veces parecen fuertes e imprevisibles, en la oración de la tarde cantamos la victoria del Señor, para que llegue a todos los rincones de la tierra, sobre todo allí donde el mal parece invencible.


24/07/2017
Memoria de los pobres


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