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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hechos de los Apóstoles 5,12-16

Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo... Y solían estar todos con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón, pero nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio. Los creyentes cada vez en mayor número se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres. ... hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos. También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran curados.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El pórtico de Salomón era el lugar donde Jesús solía pararse para enseñar. Todos los apóstoles se reunían precisamente en aquel pórtico para continuar lo que su Maestro había hecho. Allí, de hecho, empezaron a hablar de Jesús y de sus enseñanzas y mostraban su misma fuerza y su misma misericordia. Ninguno de los otros discípulos, dice Lucas, «se atrevía a unirse ellos», quizás para evitar las reacciones de los jefes del pueblo que habían prohibido predicar. Era una sabia prudencia, entre otras cosas porque eso no evitaba que la comunidad creciera en número: «la gente hablaba de ellos de forma elogiosa», continúa diciendo el autor de los Hechos, y «cada vez era mayor el número de creyentes que se adherían al Señor». Se ve aquí claramente la inteligencia pastoral que fomenta una misión atenta, no polémica y al mismo tiempo eficaz. Muchos acudían. Parece que se repitan las mismas escenas que encontramos en los Evangelios: muchas personas acudían al pórtico y allí por donde pasaban los apóstoles, y muchos «sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos» (v. 15). Es una manera muy hermosa de describir el paso de los apóstoles por las calles y las plazas de Jerusalén. Podemos decir que desde su inicio la comunidad cristiana está en salida, como diría el papa Francisco. Esta escena hace que nos preguntemos si nuestra manera de vivir es atractiva, si provoca emoción, esperanza y alegría. La imagen de estar a la sombra de Pedro para ser curado es muy sugerente. La imagen de Pedro –y de cualquiera de los discípulos que vive del Evangelio– que cura solo por estar a su sombra muestra la urgencia de que las comunidades cristianas sean en nuestras ciudades como la sombra de la misericordia de Dios. Ser cubierto por la sombra de Pedro significaba ser envuelto por el amor y por la misericordia del apóstol y, por tanto, de Dios mismo. Eso es lo que cada comunidad cristiana está llamada a hacer también hoy: cubrir con la sombra de la misericordia del Señor a aquellos que sufren la canícula del desierto de vida y de amor que es la vida de nuestras ciudades. Quien sea cubierto por la sombra del amor encontrará descanso y fuerza para volver a ponerse en pie y reanudar el camino de la vida.


22/08/2017
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