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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

En la Basílica de Santa Maria in Trastevere de Roma se reza por los enfermos.
Recuerdo de Moisés. Tras ser llamado por el Señor, liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y lo guio hacia la «tierra prometida».


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hechos de los Apóstoles 8,4-8

Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a una ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. La gente escuchaba con atención y con un mismo espíritu lo que decía Felipe, porque le oían y veían las señales que realizaba; pues de muchos posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados. Y hubo una gran alegría en aquella ciudad.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Tras el asesinato de Esteban estalló la primera oleada de hostilidad contra los cristianos de Jerusalén. Muchos tuvieron que huir al norte, a Samaría. Fue un momento dramático para la vida de la primera comunidad cristiana. Pero favoreció la expansión de los discípulos a otros lugares. Se podría decir que la Palabra de Dios empezaba a recorrer los caminos del mundo a causa, entre otras cosas, de la persecución, de las hostilidades que sufría. Realmente, el Señor guía la historia y sabe sacar cosas buenas incluso del mal. Felipe, uno de los siete diáconos, predicaba el Evangelio con gran eficacia. Sus palabras, como el mismo Señor había prometido a los discípulos, estaban llenas de señales milagrosas: curaba enfermos, expulsaba espíritus malignos del corazón de la gente, consolaba a los afligidos, reconciliaba a los que se odiaban y llevaba paz a todos. Muchos iban a él. Y Felipe continuaba suscitando entre la gente aquel mismo clima de esperanza y de fiesta que Jesús suscitaba cuando pasaba entre la gente: la predicación del Evangelio siempre crea un clima nuevo, como de fiesta. El Evangelio libra de la tristeza y de todas las esclavitudes que entristecen la vida. La alegría pertenece al Evangelio. Es el clima de la primera comunidad cristiana. Lucas no deja de indicarlo explícitamente también en esta ocasión: «Hubo una gran alegría en aquella ciudad». Se trata de un ejemplo que debe interrogar a nuestras comunidades cristianas para que recuperen, vivan y manifiesten esta dimensión tan central del testimonio de la Iglesia apostólica. El papa Francisco quiso titular su primer texto pastoral «Evangelii gaudium» («la alegría del Evangelio»). En el rostro de los discípulos debe verse la alegría antes que las palabras. Y la comunidad de los discípulos de Jesús es atractiva por la alegría que vive y que demuestra.


04/09/2017
Oración por los enfermos


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