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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

En la Basílica de Santa Maria in Trastevere de Roma se reza por la paz.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hechos de los Apóstoles 10,1-8

Había en Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios. Vio claramente en visión, hacia la hora nona del día, que el Ángel de Dios entraba en su casa y le decía: «Cornelio.» El le miró fijamente y lleno de espanto dijo: «¿Qué pasa, señor?» Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios. Ahora envía hombres a Joppe y haz venir a un tal Simón, a quien llaman Pedro. Este se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor, que tiene la casa junto al mar.» Apenas se fue el ángel que le hablaba, llamó a dos criados y a un soldado piadoso, de entre sus asistentes, les contó todo y los envió a Joppe.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El capítulo diez de los Hechos de los Apóstoles presenta un momento fundamental en la historia de la Iglesia: la decisión de predicar a los gentiles, es decir, al gran mundo del Imperio romano. Hasta entonces la predicación se había limitado al ámbito judío entre otras cosas porque las dificultades para salir de aquellos círculos eran muy fuertes. El Señor toma la iniciativa y pone en movimiento al centurión romano Cornelio, hombre piadoso y generoso, que «daba muchas limosnas a la gente y continuamente oraba a Dios», como destaca Lucas. Todo aquello llega hasta lo más alto, hasta Dios, que se inclina hacia el centurión. Es la hora nona, la hora de la oración, y el Señor envía un ángel que llama a Cornelio por su nombre, como sucede en todas las visiones bíblicas. Dios vela por aquellos a los que le temen y los socorre. Antes incluso de que la predicación llegue a orejas del centurión, Dios ya ha entrado en su corazón. Esa es la razón profunda de la misión cristiana. No se trata tanto de convertir, sino de ayudar a descubrir el amor de Dios que nos precede. El Señor, mucho antes de que nosotros nos demos cuenta, ya nos busca. Cornelio obedece las indicaciones del ángel y envía a dos siervos para que vayan a buscar a Pedro. Estos se ponen en camino hacia Jope y convencen al apóstol para que vaya a Cesarea. Una vez más la Palabra de Dios se pone en camino bajo la guía y el impulso del Espíritu Santo para llegar al corazón del primer gentil que se convierte al Señor. El Señor toca el corazón. Y a Pedro se le pide que colabore en el camino de la palabra del Señor. Esa es, todavía hoy, la tarea de toda comunidad cristiana.


18/09/2017
Oración por la Paz


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