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La oración cada día


 
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Icono del Santo Rostro
Iglesia de San Egidio - Roma

Recuerdo de Gigi, niño de Nápoles que murió violentamente en 1983. Con él recordamos a todos los niños que sufren o que mueren por la violencia de los hombres. Oración por los niños.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 11,16-19

«¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: Os hemos tocado la flauta,
y no habéis bailado,
os hemos entonado endechas,
y no os habéis lamentado. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La Palabra de Dios sigue llevándonos de la mano para que preparemos nuestro corazón para acoger al Señor Jesús que está a punto de nacer. También para nuestra generación ha llegado el momento de dejarse tocar el corazón por la predicación del Evangelio. Es fácil ceder a la tentación de poner las excusas más variadas para evitar acoger la exhortación del Evangelio a volver al Señor con todo el corazón. Desgraciadamente, cuántas veces se puede decir también de nosotros: "Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado". Cada uno de nosotros -y los momentos de dificultad lo facilitan- se inclina instintivamente a pensar sólo en sí mismo, a pararse a considerar sólo lo que le toca y le afecta: es la única melodía que conocemos de memoria y seguimos. Apartamos todo lo que puede perturbar nuestra tranquilidad. En definitiva, nos fiamos sólo de nosotros mismos y de nadie más. Pero la fe, que ciertamente necesita de la razón, pasa sin embargo por el corazón, es decir, por el confiarse a Dios, por acoger el Evangelio como palabra viva que ilumina y calienta. Pero, también para nosotros, como le ocurrió a Juan Bautista y a la gente de su tiempo, llega el momento de la decisión, es decir, de decidir si seguimos a Jesús o si continuamos yendo detrás de nosotros mismos. Y es una decisión que no podemos posponer más y que la inminencia de la Navidad nos ayuda a realizar. La verdadera "sabiduría" que debemos tener en este tiempo es acoger el gran misterio de la Navidad: un Dios que nos ama hasta tal punto que se hace niño con tal de estar cerca de nosotros. La Navidad es la extraordinaria "obra" de amor de Dios. Por esto es bello esperar a aquel Niño que está a punto de llegar, para que cada uno de nosotros se deje enternecer por él y lo acoja en su corazón.


15/12/2017
Memoria de Jesús crucificado


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