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6 Septiembre 2009 17:00 | Auditorio Maximum

Saludo de la inauguración



Stanislaw Dziwisz


Cardenal, Arzobispo de Cracovia, Polonia

1. Saludo a todos los participantes en el Congreso Internacional por la Paz “Hombres y Religiones”. Les saludo en nombre de la Iglesia de Cracovia y de su historia milenaria. Les saluda la ciudad real de Cracovia. Les saluda la hermosa tierra llamada Malopolska. Creo que puede decir que les saluda con corazón abierto toda la patria de Juan Pablo II.
Saludo cordialmente a los ilustres representantes de todas las religiones, confesiones, tradiciones y culturas. Juntos constituimos una hermosa sinfonía del espíritu humano, sinfonía de intelectos y de corazones. Nos encontramos como hermanos y hermanas. Nos encontramos como hijos de un único Dios. Nos encontramos en la verdad y en el amor.

2. Guiados por la intuición de Juan Pablo II, nos encontramos en el nombre de una cosa grande, que es la paz. Volvemos al espíritu y a la atmósfera de Asís, a la memorable fecha del 27 de octubre de 1986. El Papa invitó a la ciudad de san Francisco a los líderes y representantes de las Iglesias Cristianas, de las Comunidades eclesiales y de las religiones mundiales, para que se dirigieran con una sola voz a Dios y a los hombres y mujeres del mundo. Pidieron a Dios el don de la paz. Pidieron a los pueblos que acogieran este don, renunciando al egoísmo y a la violencia, multiplicando el bien, trabajando por un diálogo de reconciliación y solidaridad.
En Asís Juan Pablo II dijo: “La paz es una obra abierta a todos y no sólo a los especialistas, a los sabios y a los estrategas. La paz es una responsabilidad universal”. (n. 7). Estamos contentos de que estos días Cracovia  se convierta en una obra de paz. No nos falta el fervor y la buena voluntad. La paz es un don, pero también un trabajo. Cada hombre y cada generación debe acoger este noble reto, para construir los cimientos de la civilización de la vida y del amor en nuestra tierra.
 
3. Hace setenta años vimos en este lugar el drama de la Segunda Guerra Mundial. Se derramó sangre inocente. El odio de los pueblos uno contra otro alcanzó su ápice. Las fábricas de Europa producían armas que provocaban la muerte. Caín encontró imitadores a escala mundial.
Hace veinte años este país alcanzó su independencia, nos libramos del sistema totalitario comunista. Su arma era una ideología sin Dios. Esta ideología, actuando contra Dios, actuaba contra el hombre, porque lo privaba de las raíces y de la fuente de la esperanza.
Hace veinte años volvimos a vivir en la libertad y en la verdad. Nos alegramos porque también otros pueblos de Europa Central y Oriental han recibido ese don. El don es un compromiso. Que nuestro Congreso por la Paz, nuestra oración y reflexión en estos días, sedan nuestra aportación común a la construcción de la paz de Dios en el corazón del hombre y en  su comunidad.

4. Quiero agradecer de todo corazón a la Comunidad de Sant’Egidio y manifestarle el máximo reconocimiento por haber emprendido y continuado la idea de Juan Pablo II, ligada al encuentro de Asís en 1986. Gracias a esta comunidad, que con valentía y decisión hace realidad la clarividente idea del Papa, el espíritu de Asís llega a ambientes y sociedades de pueblos enteros, al corazón y las conciencias de las personas.
Doy las gracias a todas las instituciones y las personas que han hecho posible nuestro encuentro fraterno en Cracovia. También para ellos este encuentro es una obra de paz. Obra de fraternidad, amistad y solidaridad.


Cracovia 2009

El saludo del papa Benedicto XVI en el Ángelus


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