Memoria de Jesús crucificado

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Recuerdo de Shahbaz Bhatti, ministro para las Minorías en Pakistán, cristiano, asesinado en 2011 por los terroristas por su compromiso en la búsqueda de la paz y del diálogo.


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Mateo 21,33-43.45-46

«Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia." Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon,
en piedra angular se ha convertido;
fue el Señor quien hizo esto
y es maravilloso a nuestros ojos?
Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.» Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Para los que escuchaban esta parábola en tiempos de Jesús estaba claro que la viña representaba al pueblo de Israel y el dueño era Dios, que la cuidaba con increíble amor. La parábola llega a su culminación cuando llega el tiempo de los frutos y el dueño manda a los siervos a recogerlos. La reacción de los viñadores es violenta: apenas llegan los siervos los apresan, a uno lo golpean, a otro lo matan y a otro lo lapidan. El dueño, desconcertado por esta violenta reacción, envía a otros, pero también ellos sufren la misma suerte. Es una síntesis trágica de la recurrente historia de la oposición violenta (incluso fuera de la tradición judeo-cristiana) a los "siervos" de Dios, a los hombres de la "palabra" (los profetas), a los justos y honestos de todo tiempo y lugar, por parte de los que quieren servirse sólo a sí mismos y acumular riquezas en su propio beneficio. Pero el Señor -y aquí está el verdadero rayo de esperanza que salva la historia- no pierde nunca la paciencia. "Finalmente" dice Jesús, el dueño envía al hijo. Piensa para sí: "A mi hijo le respetarán". Pero la ira de los viñadores explota con más ferocidad: lo agarran, lo sacan "fuera de la viña" y lo matan. Estas palabras describen a la perfección el rechazo a acoger a Jesús por parte no sólo de cada persona, sino del conjunto de la ciudad y de sus habitantes. Jesús, nacido fuera de la ciudad de Belén, muere fuera de Jerusalén. Jesús, lúcida y valientemente, denuncia esta infidelidad que culmina con el rechazo y el asesinato del último y definitivo enviado de Dios. Él espera los "frutos de la viña" pero se le paga con la muerte de sus siervos primero, y al final la de su propio hijo. Pero Dios no se resigna: de ese hijo nacen nuevos viñadores, que cuidarán la viña y darán nuevos frutos. Los nuevos viñadores se convierten en un nuevo pueblo. Su vínculo, sin embargo, no viene dado por la pertenencia a la sangre o por vínculos exteriores, aunque sean "religiosos", sino por la adhesión al amor del Padre. El evangelista continúa diciéndonos que nadie puede reivindicar derechos de propiedad: todo es don del amor gratuito de Dios. El nuevo pueblo de Dios se ve cualificado por los "frutos" del Evangelio, es decir, de la fe que genera las obras de la justicia y la misericordia. En otras palabras, los frutos coinciden con la fidelidad al amor de Dios y a su Evangelio. Como está escrito: "Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta", (Jn 15, 2); y también: "Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 16).