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Un puente para integrar: Nuevo curso de la escuela de cultura e idiomas

1 Noviembre 2016 - BARCELONA, ESPAÑA

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Inauguración escuela de cultura e idiomas - Barcelona 2016El acto de Inauguración del nuevo curso de la Escuela de Cultura e Idiomas reunió a más de 200 “nuevos europeos” en un clima de fiesta y amistad.  Por la escuela de Barcelona ya han pasado más de 800 estudiantes de distintas religiones y culturas procedentes de más de 35 países.  La escuela es un reflejo de la realidad de un barrio, el Raval, que cuenta con un 48% de población extranjera.
El acto tuvo lugar en el auditorio de la Facultad de Comunicación de la Universidad Ramón Llull. En estos 6 años de vida de la escuela “la conquista de la palabra” ha dado sus frutos. Lo recordaba Yamina, de Marruecos, leyendo un bonito testimonio después de haber empezado por un curso de alfabetización: “Doy las gracias a San Egidio porque no se cansa de trabajar por la paz, cada día, al lado de los que sufren. porque nos enseña la lengua y la alegría de vivir juntos”.
El Secretario de Igualdad, Migraciones y Ciudadanía de la Generalitat de Catalunya, dió las gracias por el esfuerzo realizado y por estar en Barcelona: “Nuestro país es mejor con vosotros”. El Presidente del Puerto 2000 se refirió al aprendizaje de la lengua como un puerto de entrada a la ciudad, puerta de entrada a la cultura, al trabajo, a la búsqueda de un nuevo futuro.
EInauguración escuela de cultura e idiomas - Barcelona 2016n el centro del acto se recordó el Encuentro Internacional por la Paz de Asís. Este año ha contado con la presencia del Papa Francisco para recordar los 30 años del histórico encuentro de 1986, cuando Juan Pablo II reunió por primera vez a los lideres de las grandes religiones mundiales. El “espíritu de Asís” es el espíritu de esta escuela: estar uno al lado del otro, no uno contra el otro. Crear puentes de diálogo y amistad a partir del encuentro y la palabra es el secreto para construir la “civilización de la convivencia”.
En la escuela se aprende el idioma, pero también una manera humana de ser nuevos ciudadanos del mundo construyendo juntos con la solidaridad esta civilización del futuro. Es un puente para la integración y la convivencia. Alfred, de 32 años, llegó hace 4 años de Filipinas y ahora va a encontrar a una anciana que está sola en una residencia: “Su historia derritió mi corazón. Yo recuerdo a mis padres, aunque vivo lejos de ellos. Pero me consuela que pronto podré estar con mi madre. A Paquita no va a encontrarle nadie”.