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Los niños de la School of Peace del campo de refugiados de Nyumanzi estudian cada día y están orgullosos de ello

3 Marzo 2017 - ADJUMANI, UGANDA

UgandaSudánSan EgidioEscuela de la PazVincenzo Paglia

Monseñor Vincenzo Paglia ha visitado a los pequeños refugiados de Uganda: "El reino de los cielos es como esta escuela, porque Jesús siempre quiere la paz y nunca la guerra".

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Estudian cada día y están orgullosos de ello: son los casi 1.000 niños de la School of Peace, la escuela que la Comunidad de Sant'Egidio y la diócesis de Arua han levantado en el campo de refugiados de Nyumanzi, en la región de Adjumani, en el norte de Uganda.

Algunos de ellos nacieron en el campo, otros, por el contrario, han visto con sus ojos la violencia que ha devastado Sudán del Sur, antes de huir a Uganda, donde están refugiados más de 700 mil personas sudsudanesas, 170 mil solo en la región de Adjumani (datos de la ACNUR).

La vida en el campo de Nyumanzi es difícil, el número de refugiados aumenta sin parar, mientras que los recursos y los bienes esenciales escasean. En este contexto la School of Peace representa una esperanza concreta de futuro para estos jóvenes, porque les asegura una educación de calidad, con programas y exámenes reconocidos por el Gobierno de Uganda.

 

"El Reino de los Cielos es como esta escuela –ha dicho el obispo Vincenzo Paglia hace unos días durante una visita al campo de Nyumanzi–, porque Jesús siempre quiere la paz y nunca la guerra. Buscar el Reino de los Cielos significa buscar cada día la Escuela de la Paz, ir a la escuela y encontrarse con los amigos que nos quieren". Los niños contestaron las palabras del obispo con bailes, cantos y poesías sobre el tema de la paz que prepararon con los maestros.

Durante su visita Vincenzo Paglia también se reunió con la Comunidad de Sant'Egidio de Adjumani, que sostiene la escuela de Nyumanzi preparando las comidas para los alumnos, y con delegaciones de Sant'Egidio de otras ciudades de Uganda del norte. El obispo los saludó y les dio las gracias con las siguientes palabras: "Esta casa es hermosa y grande, amplia y acogedora, pero la mayor belleza no es la de los ladrillos sino la de vuestros corazones y la de vuestras manos juntas para servir a los más pobres".