Sant'Egidio cumple 52 años: liturgia en la catedral de Roma, San Juan de Letrán

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El "pueblo" de Sant’Egidio –"pueblo" variado de miembros de la Comunidad italianos y de otros países, de amigos y de invitados, de hombres y de mujeres de los márgenes y de las periferias, un "pueblo" en el que se confunde el que ayuda y el que es ayudado– se ha reunido esta tarde en la catedral de Roma, San Juan de Letrán, para celebrar una liturgia de acción de gracias por los 52 años de vida que el Señor ha querido dar a la asociación eclesial fundada en el ya lejano 1968 por Andrea Riccardi.

Ha sido la fiesta de una realidad romana e internacional, que vive desde el inicio de su historia más allá de toda frontera. Ha sido significativo, por tanto, que haya presidido la ceremonia el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin.

Comentando el Evangelio del V Domingo del tiempo ordinario, el cardenal ha dicho que "las palabras de Jesús me parecen adecuadas también para la Comunidad de Sant’Egidio. Desde sus primeros pasos, esta decidió evangélicamente llevar el Evangelio a la vida de las personas, siendo así sal y luz. Muy jóvenes, fueron a las periferias de la ciudad y las habitaron con amor". Pero la Comunidad no se detuvo en Roma: "Miraron en dirección a nuevos horizontes y trazaron nuevos caminos en las periferias de muchas ciudades del mundo, todas con sed de sal y luz".
"No quiero hablar de lo que hacen", ha continuado diciendo el Secretario de Estado, "sino mostrar el alma de todo esto: la caridad que empieza por el pobre, por quien ha sido descartado y constituye la nueva piedra angular". Desde el momento en que "en muchas partes del mundo vemos crecer egoísmos, resurgir nacionalismos, multiplicarse divisiones y muros, difundirse la violencia, mientras muchos odios corren por las venas de la sociedad", "nuestra respuesta no es la contraposición, sino hacer brillar aún más la luz de las 'obras buenas', que cambian, transforman la soledad en comunión, los conflictos en paz, la resignación en esperanza de un nuevo futuro".

Al finalizar la liturgia el presidente de la Comunidad, Marco Impagliazzo, ha agradecido a Parolin sus palabras y ha saludado a todos los participantes: "Con el Papa, nuestro obispo, soñamos una Iglesia pueblo de todos, sin excluir a nadie, para que la misericordia del Señor toque el corazón de todos, sin excluir a nadie". "La vida en la periferia de Roma y en las periferias humanas y existenciales del mundo nos ha enseñado mucho", ha destacado Impagliazzo. "Los encuentros con personas de toda condición y origen, año tras año, han sido nuestra escuela: la calle como historia. Aquellos que nosotros que han conocido a un pobre y se han parado a escucharlo, se han hecho amigos de él y han recibido algo que no habrían imaginado".
Al finalizar, fuera de la basílica, en el patio del Palacio Lateranense, ha llegado el momento de la alegría y de la convivialidad con una fiesta para todos: ancianos con problemas, personas sin hogar que sufren no solo por el frío del invierno sino también por la soledad, discapacitados, algunos de los cuales siguen un camino artístico y laboral, e inmigrantes que hace años que viven la experiencia de la integración en el tejido social y civil italiano, incluidos los que han llegado con los corredores humanitarios.

Homilía del cardenal Pietro Parolin >>

Saludo de Marco Impagliazzo >>

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