Pongamos la paz en el corazón del futuro. Artículo de Andrea Riccardi en Famiglia Cristiana

Pongamos la paz en el corazón del futuro

 
Gesto de paz que cerraba la ceremonia en la que el papa Francisco y los líderes religiosos se reunieron a los pies del Coliseo - Foto de Sant'Egidio

 

Buscarla, a nivel personal, social y político, no es una actitud de débiles, sino de fuertes

¿Para qué sirve dialogar? ¿No es una cesión inútil? Son preguntas que, en última instancia, expresan resignación ante la realidad. De hecho, cuando los creyentes rezan juntos, cuando imaginan la paz incluso ante horizontes de guerra, siempre se abre un camino de esperanza. 

Buscar la paz no es una actitud de débiles, sino de fuertes. El papa Francisco, hablando en el Coliseo después de las oraciones de las distintas comunidades religiosas, dijo: «Pongamos la paz en el corazón de la visión del futuro, como objetivo central de nuestro comportamiento personal, social y político,  a todos los niveles. Desactivemos los conflictos con el arma del diálogo». No son palabras hermosas, sino la expresión de la fuerza de la paz surgida  del diálogo y de la oración de los líderes religiosos que se reunieron en Roma entre el 23 y el 25 de octubre. 

El encuentro se midió con la realidad concreta de las guerras en curso y de la amenaza atómica (con intervenciones preocupadas por este tema). El presidente francés, Emmanuel Macron, explicó la posición francesa sobre la crisis ucraniana y Rusia. Pero añadió: «La paz es impura, profunda y ontológicamente impura, porque acepta una serie de inestabilidades, de incomodidades, que hacen posible esta convivencia entre el otro y yo». 

El objetivo de fondo siempre es buscar la paz, aunque a veces no veamos cómo alcanzarla. Ese es, en cualquier caso, el destino final. 

En Ucrania. Pero también en Siria, donde hay guerra desde 2011 y una generación de niños no ha visto nada más que la guerra en sus vidas. En el olvidado Yemen. En África occidental, donde el terrorismo está haciendo estragos. En el norte de Mozambique, donde ahora hay 800.000 refugiados que han huido del terrorismo islamista. 

No podemos dejar que la guerra se prolongue porque provoca muertes y destrucción, porque existe el riesgo de que el conflicto se extienda: «Debemos tener la valentía de avanzar», dijo el presidente italiano, Sergio Mattarella. Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XXI, retrocedimos, y mucho; de hecho, corremos el riesgo de caer en el abismo con el uso de armas nucleares. No nos engañemos pensando que se puede llegar a la paz solo hablando de la guerra: «La paz no se puede lograr exaltando la guerra y la voluntad de poder», añadió Mattarella. 

Durante el encuentro interreligioso de Roma, buscar el diálogo fue confortante para no pocos líderes, algunos de países con problemas. «El mundo se ahoga sin diálogo», dijo Francisco hace años. El diálogo ayuda a realidades oprimidas por conflictos a recuperar el aliento. Precisamente en Roma, Macron sugirió la iniciativa (así lo declaró él mismo) de pedir a Francisco que llamara a Putin, Biden y al patriarca Kiril para abrir un diálogo. 

Esta propuesta se hizo el 24 de octubre, un día antes del cincuenta aniversario de la intervención de Juan XXIII que atajó la crisis cubana, que amenazaba con desencadenar un conflicto nuclear. Es significativo que Francisco se hiciera eco de las palabras del papa Juan en aquel dramático trance: «Promover, favorecer, aceptar los diálogos, a todos los niveles y en cualquier momento, es una regla de sabiduría y de prudencia que atrae la bendición del cielo y de la tierra». 

Corrobora esta invitación el grito de paz de los pueblos que sufren la guerra, la violencia y la injusticia, cuyo eco se oyó en Roma. El llamamiento final que lanzaron en el Coliseo el papa y los líderes religiosos, expresa esta voluntad de paz con palabras graves: «La humanidad debe poner fin a las guerras o será una guerra, la que acabará con la humanidad».

 

Artículo de  Andrea Riccardi en Famiglia Cristiana del 6/11/2022