ORACIÓN CADA DÍA

Liturgia del domingo
Palabra de dios todos los dias

Liturgia del domingo

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Libretto DEL GIORNO
Liturgia del domingo
Domingo 11 de noviembre

Primera Lectura

1Reyes 17,10-16

Se levant? y se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad hab?a all? una mujer viuda que recog?a le?a. La llam? El?as y dijo: "Tr?eme, por favor, un poco de agua para m? en tu jarro para que pueda beber." Cuando ella iba a tra?rsela, le grit?: "Tr?eme, por favor, un bocado de pan en tu mano." Ella dijo: "Vive Yahveh tu Dios, no tengo nada de pan cocido: s?lo tengo un pu?ado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza. Estoy recogiendo dos palos, entrar? y lo preparar? para m? y para mi hijo, lo comeremos y moriremos." Pero El?as le dijo: "No temas. Entra y haz como has dicho, pero primero haz una torta peque?a para m? y tr?emela, y luego la har?s para ti y para tu hijo. Porque as? habla Yahveh, Dios de Israel: No se acabar? la harina en la tinaja,
no se agotar? el aceite en la orza
hasta el d?a en que Yahveh conceda
la lluvia sobre la haz de la tierra. Ella se fue e hizo seg?n la palabra de El?as, y comieron ella, ?l y su hijo. No se acab? la harina en la tinaja ni se agot? el aceite en la orza, seg?n la palabra que Yahveh hab?a dicho por boca de El?as.

La oración es el corazón de la vida de la Comunidad de Sant’Egidio, su primera “obra”. Cuando termina el día todas las Comunidades, tanto si son grandes como si son pequeñas, se reúnen alrededor del Señor para escuchar su Palabra y dirigirse a Él en su invocación. Los discípulos no pueden sino estar a los pies de Jesús, como María de Betania, para elegir la “mejor parte” (Lc 10,42) y aprender de Él sus mismos sentimientos (cfr. Flp 2,5).

Siempre que la Comunidad vuelve al Señor, hace suya la súplica del discípulo anónimo: “¡Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1). Y Jesús, maestro de oración, continúa contestando: “Cuando oréis, decid: Abbá, Padre”.

Cuando oramos, aunque lo hagamos dentro de nuestro corazón, nunca estamos aislados ni somos huérfanos, porque somos en todo momento miembros de la familia del Señor. En la oración común se ve claramente, además del misterio de la filiación, el de la fraternidad.

Las Comunidades de Sant'Egidio que hay por el mundo se reúnen en los distintos lugares que destinan a la oración y presentan al Señor las esperanzas y los dolores de los hombres y mujeres “vejados y abatidos” de los que habla el Evangelio (Mt 9,37). En aquella gente de entonces se incluyen los habitantes de las ciudades contemporáneas, los pobres que son marginados de la vida, todos aquellos que esperan que alguien les contrate (cfr. Mt 20).

La oración común recoge el grito, la aspiración, el deseo de paz, de curación, de sentido de la vida y de salvación que hay en los hombres y las mujeres de este mundo. La oración nunca es vacía. Sube incesante al Señor para que el llanto se transforme en alegría, la desesperación en felicidad, la angustia en esperanza y la soledad en comunión. Y para que el Reino de Dios llegue pronto a los hombres.