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El presidente de la Comisión Europea afirma la necesidad de la unidad cristiana a fin de dar un alma a Europa
Desde el pasado martes hasta hoy domingo se ha celebrado en Sibiu (Rumanía) la III Asamblea Ecuménica Europea con más de 2.500 participantes, de los cuales 1500 son delegados oficiales de todos los países de Europa, y entre ellos unos cuarenta son españoles. Participan cristianos a todos los niveles, desde el Patriarca Bartolomé de Constantinopla hasta metropolitanos, obispos, teólogos, laicos y laicas. Forman un plural y variopinto acontecimiento lleno de viveza y color. La asamblea empezó con un acto de bienvenida en la plaza Mayor en la que intervino de forma vibrante el cardenal Kasper y en la que se leyó, entre otros, un positivo mensaje del Papa.
El país de acogida, Rumanía, se encuentra en un momento de gran esfuerzo de desarrollo y cambio. Ha entrado este año en la Unión Europea y posee una gran tradición cultural, monumental y religiosa. Los monasterios ortodoxos de Moldavia, declarados monumentos de la humanidad por la Unesco, expresan muy bien la fuerza cultural y religiosa de este país, de mayoría ortodoxa, con fuertes minorías católicas y protestantes, muy religioso a pesar de la fuerte persecución religiosa comunista. Su Iglesia ortodoxa se encuentra en el delicado momento de que el Santo Sínodo elija a partir del próximo día 12 al sucesor del Patriarca Teoctist. La ciudad de Sibiu, en Transilvania, capital de la Cultura Europea este año, con un espléndido casco medieval, es un buen lugar para ejercer el ecumenismo europeo.
El lema de la asamblea gira en torno a la creencia cristiana de que Cristo, es, debe ser, la luz de todo lo creado: de la Iglesia, de Europa y del mundo entero. En la gran tienda de circo donde se celebran las plenarias, ha ido creciendo el climax cristiano, espiritual y ecuménico. Destaca el testimonio personal de un sacerdote armenio sobre su conversión a la luz de Cristo y la alocución de Andrea Riccardi (Comunidad San Egidio) que de forma vibrante y clara (fue el más aplaudido de todos los oradores) exhortó a los europeos, en especial a los cristianos, a asumir su responsabilidad respecto del mundo entero. "Los estados europeos - dijo- se perderán si viven aislados. La unificación europea no es una burocracia o una construcción sin alma. Hay una relación profunda, misteriosa, entre la paz y la unidad de los cristianos, la paz del mundo y su unidad. Los cristianos europeos tienen una responsabilidad sobre la paz en el mundo. Europa y África tienen un destino común. Una Europa que no viva encerrada en sí misma no puede olvidar África... Europa no es lo que fue, pero puede ser mejor de aquélla que fue para sí misma y para los demás".
El ambiente ha sido de oración, de ricas relaciones personales, de información, discusión. El miércoles se trató sobre "La luz de Cristo ilumina a la Iglesia "(en la unidad, la espiritualidad y el testimonio). El jueves, sobre "Cristo ilumina Europa". El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, afirmó la necesidad de restablecer la unidad cristiana a fin de dar un alma a Europa.
También se insistió en trabajar conjuntamente y con más intensidad en el diálogo y la colaboración con otras religiones. En Sibiu no se ha tratado tanto de buscar acuerdos sobre cuestiones que dividen como de reflexionar, rezar y actuar juntos ante los actuales desafíos europeos.
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